Las razones del viaje al Vaticano

Quizá, la repentina visita de Peña Nieto al Vaticano tuvo que ver con la necesidad de contrarrestar la imagen que los obispos mexicanos estaban dejando en su obligada quinquenal visita ad límina al papa Francisco.

En términos discursivos, lo dicho por el presidente Enrique Peña Nieto acerca de su viaje al Vaticano es diplomáticamente correcto, aunque inexacto. Dijo: “Hemos dado continuidad al diálogo de alto nivel que la Santa Sede y México sostienen desde hace más de dos décadas. Le expresé al Papa que México, como Estado laico, desea mantener una relación armónica”. En realidad, México tiene un diálogo de alto nivel desde hace, por lo menos no dos, sino cuatro décadas. Y México no es un Estado laico: es constitucionalmente una República laica y como tal tiene un Estado laico. Ahora bien, las razones reales pueden estar en otro lado. Es bien sabido que Peña Nieto siempre tuvo, por lo menos desde que era gobernador del Estado de México, excelentes relaciones con los obispos católicos de esa entidad. El ascenso al poder del actual Presidente de la República se dio casi de manera paralela a la llegada a cargos importantes de representación de Carlos Aguiar Retes, primero como arzobispo de Tlalnepantla y luego como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (2007-2012). Peña Nieto, siendo gobernador, se reunía a comer regularmente con los obispos católicos del Estado de México. Desde esos años era evidente que había un trato privilegiado a la dirigencia católica. Al grado que, cuando en diciembre de 2011 un diputado priista presentó una iniciativa para modificar el artículo 24 de la Constitución e introducir la instrucción religiosa en la escuela pública, no pocos vieron allí la mano del tándem Peña Nieto-Aguiar Retes. Al final, por la oposición de muchos, la iniciativa no pasó en los términos que deseaba la jerarquía católica.

El pasado 2 de mayo, nuevamente el presidente Peña Nieto se volvió a reunir con los obispos católicos mexicanos, con motivo de la XCVII Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). Pero a diferencia de otras reuniones, donde gracias al buen trato cultivado y a los favores dispensados, la crítica era prácticamente inexistente, en esta ocasión el Presidente de la República se enfrentó a un discurso del nuevo presidente de la CEM, amable pero sin complacencias, por no decir crítico. El también recientemente nombrado cardenal y arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, hizo una serie de preguntas y comentarios que seguramente Peña Nieto no se esperaba. El cardenal Robles Ortega, quien por lo demás hasta ahora ha tenido un perfil discreto, le dijo entre otras cosas al Presidente de la República querer transmitirle lo que escuchaba de la gente, sus angustias y sus molestias: “entre otros temas —le dijo—, la gente se pregunta en qué le beneficiarán las recientes reformas estructurales y el tiempo que tardará en que esto se vea reflejado de manera concreta en la paz, en la vida democrática, en su economía y en su progreso integral. Esta incertidumbre se ve acrecentada por las situaciones de violencia, inseguridad, desempleo y pobreza que viven muchas personas”. El cardenal Robles Ortega agregó: “A este drama se suma el que viven miles de mexicanos, sudamericanos y extranjeros que cruzan la frontera sur de nuestro país hacia el vecino país del norte y que son víctimas de la violencia. También no pocos nos han manifestado su desilusión ante grandes proyectos y programas de apoyo social que no se están reflejando en una mejora a sus condiciones de vida, particularmente entre la gente más necesitada”. Luego de las críticas, el cardenal y presidente de la CEM reiteró las demandas del episcopado católico: “la necesidad de una educación integral y de calidad que llegue a todos los mexicanos” (léase instrucción religiosa en la escuela pública) y “la implementación de una política decidida a favor del matrimonio y la familia, célula fundamental de la sociedad” (léase, políticas públicas que sigan la doctrina católica en esta materia, como frenar la despenalización del aborto o la anticoncepción de emergencia).

Quizás, la repentina visita de Peña Nieto al Vaticano tuvo que ver con estas críticas y con la necesidad de contrarrestar la imagen que los obispos mexicanos estaban dejando en su obligada quinquenal visita ad límina al papa Francisco.

roberto.blancarte@milenio.com