El paganismo de la Navidad

Pocas veces nos acordamos de que muchas de nuestras creencias vinieron originalmente de Medio Oriente, es decir que están enraizadas en el mundo asiático u oriental. Asumimos que todo empezó con el cristianismo, como si esta religión revelada hubiera partido de cero. Sin embargo, no es así. Lo cual quiere decir que muchos de los rituales y de las celebraciones cristianas están conectados con otros cultos anteriores o contra los que tuvo que competir en sus inicios. Es el caso de la conmemoración navideña del 25 de diciembre, la cual es una fecha acordada “arbitrariamente” y ligada a cultos anteriores, es decir, paganos, desde la perspectiva cristiana. Para ilustrar esta opinión me baso en el clásico libro de sir James George Frazer La rama dorada, editado por el Fondo de Cultura Económica.

A propósito de la prolongada lucha entre el culto a Cristo y a Mitra, en los primeros siglos de nuestra era, Frazer establece: “Se conserva una reliquia instructiva de la prolongada lucha [de estos dos cultos] de nuestras fiestas de Navidad, que creemos se ha apropiado la Iglesia de su rival gentílica: en el calendario juliano se computó el solsticio del invierno el 25 de diciembre, considerándolo como la natividad del sol, por comenzar los días a alargarse, acrecentándose su poder desde ese momento crítico. El ritual de la Navidad, como al parecer se realiza en Siria y Egipto, era muy notable. Los celebrantes, reunidos en capillas interiores, salían a medianoche gritando. ¡La Virgen ha parido! ¡La luz está aumentando! Aún más, los egipcios representaban al recién nacido sol por la imagen de un niño que sacaban al exterior para presentarlo a sus adoradores. Sin duda, en el solsticio hiemal [invernal], la Virgen que concebía y paría un hijo el 25 de diciembre era la gran diosa oriental que los semitas llamaron la Virgen Celeste o simplemente la Diosa Celestial… También Mitra fue identificado por sus adoradores con el sol, el invencible sol, como le llamaban; por esto su natividad caía también en el 25 de diciembre.” Frazer profundiza también en la manera cómo la propia Iglesia cristiana adoptó la fecha: “Los evangelios nada dicen respecto a la fecha del nacimiento de Cristo, y por esta razón la Iglesia no lo celebraba al principio. Sin embargo, pasado algún tiempo los cristianos de Egipto acordaron el día 6 de enero como fecha de Navidad y la costumbre de conmemorar el nacimiento del Salvador en este día fue extendiéndose gradualmente hasta el siglo IV, en el que ya estaba universalmente establecida en el Oriente. Pero la Iglesia occidental, que hasta fines del tercer siglo o comienzos del cuarto no había reconocido el 6 de enero como día de la Navidad, adoptó el 25 de diciembre como verdadera fecha y esta decisión fue aceptada después también por la iglesia oriental… ¿Qué consideraciones guiaron a las autoridades eclesiásticas para instituir la fiesta de Navidad? Los motivos para la innovación están declarados con gran franqueza por un escritor sirio cristiano: ‘La razón, nos dice, de que los Padres transfirieran la celebración del 6 de enero al 25 de diciembre fue ésta: era costumbre de los paganos celebrar en el mismo día 25 de diciembre el nacimiento del sol, haciendo luminarias como símbolo de la festividad. En estas fiestas y solemnidades, tomaban parte también los cristianos. Por esto, cuando los doctores de la Iglesia se dieron cuenta de que los cristianos tenían inclinación a esta fiesta se consultaron y resolvieron que la verdadera Navidad debería solemnizarse en ese mismo día, y la fiesta de la Epifanía en el 6 de enero. Por esta razón y continuando la costumbre, se siguen encendiendo luminarias hasta el día 6’. El origen pagano de la Navidad está claramente insinuado, si no tácitamente admitido, por San Agustín, cuando exhorta a los cristianos fraternalmente a no celebrar el día solemne en consideración al Sol, como los paganos, sino en relación al que hizo el Sol… Parece ser, pues, que la Iglesia cristiana eligió la celebración del nacimiento de su fundador el día 25 de diciembre con objeto de transferir la devoción de los gentiles del sol al que fue llamado después Sol de la Rectitud.”

roberto.blancarte@milenio.com