¿Tenemos demasiados diputados?

La cantidad de representantes es excesiva y no contribuye más que a alimentar a una clase política. Mantener dos de mayoría simple y uno de primera mayoría o de representación proporcional sería más que suficiente.

Como muchos mexicanos, en términos generales soy favorable a la propuesta de reducir el número de diputados y senadores. Me parece que la cantidad de representantes es excesiva y no contribuye más que a alimentar a una clase política acostumbrada a mamar de la ubre presupuestal. Me parece que un número menor de diputados y senadores, más preparados y mejor escogidos, puede hacer un excelente trabajo legislativo. Esto lo dice alguien (un servidor) que fue candidato a una diputación de representación proporcional por el PRD y que en su humilde campaña, en 2003, propuso entre otras cosas la reducción de miembros de la Cámara de Diputados, de 500 a 300 miembros (100 de representación proporcional y 100 de mayoría).

Lo anterior no significa que esté yo contra la representación proporcional. Muy por el contrario. Coincido con el presidente del Instituto Nacional Electoral en que la representación proporcional es vital para nuestra democracia y creo que no debemos olvidar las razones que generaron su creación en México, es decir la necesidad de permitir que los partidos pequeños (y la población que los apoya) pudieran estar representados, a pesar de no poder alcanzar la mayoría para ganar una sola circunscripción electoral. Creo que podríamos hacer la historia de las contribuciones de algunos pequeños partidos, como el Socialdemócrata, los cuales han hecho aportes importantes a la democracia y la vida de los mexicanos.

La primera pregunta lógica es: ¿tenemos demasiados diputados? ¿Gastamos demasiado en nuestro aparato Legislativo? La respuesta no es simple, por lo que debe ser informada y matizada. Hay países democráticos que tienen más o menos la mitad de la población que México y, sin embargo, poseen cámaras de diputados y senadores más numerosas: Italia tiene 630 diputados y 315 senadores para 60 millones de habitantes. Prácticamente todos (salvo algunos senadores vitalicios) son electos por el principio de representación popular. En Francia, que tiene 64 millones de habitantes, hay 577 diputados y 331 senadores, los primeros elegidos directamente en sus distritos por sufragio universal y los segundos por votación indirecta. En Reino Unido e Irlanda del Norte con una población similar a la de Francia, la Casa de los Comunes tiene 650 parlamentarios y la de los Lores 774. Los primeros son electos por votación directa y los segundos mediante un complicado sistema basado en títulos nobiliarios, que incluye a los 26 obispos de la Iglesia anglicana de mayor antigüedad. En suma, no es que en esos países ahorren mucho en representantes populares, sin que tengamos aquí el espacio para una evaluación de su desempeño. En Estados Unidos, por el contrario, con una población de casi el triple de la mexicana (320 millones de habitantes), su Cámara baja tiene 435 miembros y la de senadores solo 100. Lo que significa que en nuestro vecino del norte hay en promedio un representante popular, elegido indirectamente por mayoría en su distrito, por cada 735 mil habitantes y en México uno por cada 240 mil. O sea que si nuestros diputados fuesen igualmente eficientes tendrían que ser más o menos una tercera parte de los actuales, es decir alrededor de 166. Así que creo que me vi corto en mi propuesta de reducir la Cámara de 500 a 300 diputados. Y por supuesto lo mismo vale para el Senado. Creo que con mantener dos de mayoría simple y uno de primera mayoría o de representación proporcional sería más que suficiente.

Hay, sin embargo, otras reflexiones que hacer. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con los que dicen que nadie vota por los diputados de representación proporcional. En Francia se entiende que un diputado electo en su circunscripción no representa solo a ésta, sino a todo el pueblo de esa nación. Pero, sobre todo, me parece que la idea de un adelgazamiento de nuestro aparato legislativo no se puede avanzar si al mismo tiempo no se corrige el enorme despilfarro que existe en el Ejecutivo federal y en el de muchos estados de la República. Un ejemplo de esto es la publicidad pagada por gobernadores fuera de sus entidades. Y nada más hay que ver cómo se mueven sus séquitos.

roberto.blancarte@milenio.com