La cobija católica

Como nadie es miembro de la Iglesia por la fuerza, ahora la Santa Sede, que pretende ser la dueña de la cobija, tiene que “negociar” con los miembros de la Iglesia para ver quién alcanza a taparse con ella.

La doctrina católica es como una cobija hecha a mano; está hecha de retazos y todos la jalan para su lado. En medio está la Santa Sede, buscando que no la rompan y que les alcance a todos. Y en el centro de la Santa Sede está el Papa, a quien todos vigilan y le quieren atribuir sentidos e interpretaciones. La Iglesia, sin embargo, es mucho más grande que esa cobija. Está llena de personas que no la usan, porque no les sirve, es decir, porque no responde a sus necesidades y porque fue hecha para otros propósitos que cobijar a sus feligreses.

Además, la Iglesia ya no es la misma que antes, aunque también es la misma de siempre. Si bien es cierto que la Santa Sede acentuó la centralización de la Iglesia, tanto en términos organizativos como doctrinales, desde la segunda mitad del siglo XIX y que el Papa se volvió, con la ayuda de los medios de comunicación, un personaje cada vez más presente en la vida de los católicos de todo el mundo, es igualmente verdad que su peso social se ha relativizado en la medida que la gente vive en un mundo cada vez más plural y con normas más secularizadas. En suma, lo que diga el pontífice romano importa, pero solo en la medida que ello no va en sentido absolutamente contrario de lo que piensan o hacen los católicos. Y lo que piensan y hacen los católicos en todo el mundo es muy diverso.

Además, como nadie es miembro de la Iglesia por la fuerza, como solía ser el caso hasta hace poco tiempo, ahora la Santa Sede, que pretende ser la dueña de la cobija, tiene que negociar permanentemente con los miembros de la Iglesia para ver quién alcanza a taparse con ella. No puede, por lo tanto, impunemente ignorar a los que la siguen, aunque hay quien lo proponga. Existen algunos que dicen que la doctrina debe ser fijada según los deseos de Dios y que ellos son los únicos y verdaderos intérpretes de su voluntad. Hay otros, un poco más sensibles, que proponen escuchar a la gente y que todos los bautizados, es decir miembros de la Iglesia, tienen algo que decir sobre el rumbo que ésta debería tomar. Tengo la impresión de que el Papa actual está en medio, tratando de que los feligreses dejen de jalonear la cobija y diciéndoles que dejen de pelear, para mejor encontrar una forma, sin discutir demasiado sino siendo más bien pragmáticos, para que todo mundo alcance aunque sea una esquinita de la cobija.

Es en ese contexto que entiendo la carta que el 28 de septiembre (Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito) le envió al papa Francisco la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir. Ellas se definen como “creyentes feministas comprometidas con la vida y la salud de las mujeres, con la búsqueda de la justicia social y la defensa de los derechos humanos, particularmente los sexuales y reproductivos, incluido el acceso al aborto legal y seguro”. La carta, que se puede encontrar completa en www.catolicamexico.org y que vale la pena ser leída y reflexionada, dice entre otras cuestiones: “En nuestro caminar hemos aprendido que la maternidad es una elección libre, no una imposición ni un destino obligado… Igualmente, hemos confirmado que Dios está siempre con nosotras en cualquier circunstancia y que en momentos difíciles de nuestras vidas ha sido presencia amorosa, compañía, amistad, diálogo interior, comprensión, respeto, apoyo, libertad, oración, deseo, bondad y elección… Estamos seguras de que el lugar de la Iglesia es allí donde acontecen los dilemas y los sufrimientos humanos, particularmente junto a las mujeres que se encuentran en extrema necesidad, que por razones profundas abortan y necesitan comprensión y misericordia… En consecuencia, es preciso cambiar, por razones humanistas y cristianas, la postura oficial de nuestra Iglesia respecto al aborto, porque está poniendo en riesgo la vida y la salud de mujeres y niñas embarazadas. Reformemos nuestra actitud pastoral…”.

En suma, que en el contexto del sínodo extraordinario sobre la familia que tendrá lugar del 5 al 19 de octubre, las católicas latinoamericanas por el derecho a decidir le están diciendo al Papa: “¡Las mujeres estamos descobijadas en la Iglesia! ¡Cúbranos, aunque sea por compasión!”.

roberto.blancarte@milenio.com