¿Quieren asesinar al Papa?

Como una especie de cadena, de esas que les gustan a creyentes y supersticiosos, me llegó hace unos días un correo en el que se habla de la posibilidad de que los sectores más conservadores de la Iglesia católica estén preparando la muerte del papa Bergoglio. Envuelto en una clásica teoría de la conspiración y lleno de medias verdades (lo que deja el resto como medias mentiras o simples especulaciones no comprobadas), el mensaje se titula: “Cuánto durará Francisco?” (así, sin el signo inicial de interrogación, lo cual permitiría concluir que no proviene de un teclado en español o que quien lo escribió está más acostumbrado a escribir en otro idioma). Y como subtítulo se agrega: “Muy interesante para entender que está pasando en el Vaticano” (así, sin punto y seguido y sin acento en la “e” de qué).

Según el mencionado texto hay “maniobras de seres oscuros con intereses que no tienen nada que ver con la fe en Cristo” y que ya se iniciaron los ataques y las críticas contra el papa Francisco. Se señala que de acuerdo con “rebotes [habrá que examinar en qué país se utiliza este término] que circulan entre la comunidad de inteligencia en Roma, Italia, indican que sectores radicales conservadores de la Iglesia católica romana han iniciado duras críticas y feroces ataques contra el papa Francisco… por su actitud reformista.” Entre los argumentos que, según esta joya de la teoría del complot (por lo demás imposible de reproducir en este corto espacio), tendrían los ultra-conservadores católicos, menciono solo algunos:

“El papa Francisco rompió con la tradición y violó el rito vaticano al realizar el lavado de pies del jueves santo fuera de los muros vaticanos… incluyendo a 2 musulmanes y 2 mujeres no católicos… La negativa del papa Francisco de residir en el apartamento papal en el palacio vaticano, decidiendo por su seguridad personal residir en la residencia Santa Marta… En el apartamento papal estaría compartimentado y vigilado, de cierta forma, controlado y mediatizado, y lo más esencial, desinformado y a merced de las “hienas vaticanas....”. Luego viene la parte más conspirativa del texto: “En el encuentro almuerzo con Benedicto XVI en Castel Gandolfo, éste le confió al papa Francisco que unas de las causas que influyeron en su renuncia eran las amenazas que recibió y por temor a ser envenenado, pues ya se había tomado la decisión de matarlo, por lo que Benedicto XVI, en una jugada para neutralizar ese atentado contra su vida, hace pública su renuncia ... El alto poder enquistado en la cúpula vaticana está totalmente opuesto a los planes del papa Francisco de reformar, eliminar, modificar la pompa, el ritualismo y el lujo y ostentación de la Iglesia católica romana. (Francisco tiene un deseo y pensamiento secreto y es el de permitir que la mujer pueda acceder al sacerdocio católico, lo cual tendría un efecto tipo terremoto a lo interno de los ensotanados).” Me salto algunos puntos. En otro de ellos se sostiene que “la organización Opus Dei… ha prohibido (censurado) a todas sus librerías… la venta del primer libro acerca del nuevo papa Francisco”. El punto 9 trata sobre lo que la fiscalía hacendaria italiana ha encontrado y el último dice que “tanto el Opus Dei, la Masonería Illuminati, importantes e influyentes sectores bancarios, económicos, sectores mafiosos italianos, los propios cardenales que forman la ‘mafia y el poder vaticano’ se sienten en inminente peligro por el decomiso de estas cajas de documentos”.

Desde mi punto de vista, no tiene sentido refutar cada uno de los elementos de esta teoría conspirativa, llena de especulaciones y afirmaciones sin sustento sobre lo que ahora sucede en el Vaticano. Lo que me interesa más es entender cómo este tipo de documentos llega a circular en las redes sociales y a tener incluso una cierta aceptación entre el público, al grado de que se reproducen de manera viral. Quizás la respuesta es que, a pesar de ser una sarta de infundios, los argumentos esconden algo de verdad. La derecha ultraconservadora existe y sin duda está enojada con el actual Papa, aunque él no sea el revolucionario que muchos imaginan. Pero de ahí a querer matarlo, hay un abismo. ¿O no?