Persona del Año 2013

La prestigiada revista Time decidió hace algunos días otorgar al papa Francisco la distinción como Persona del Año 2013. Dicho nombramiento es, desde mi punto de vista, más que merecido. Nancy Gibbs, la gerente editorial de la mencionada revista sostiene: “Rara vez un nuevo actor en la escena mundial ha capturado tanta atención tan rápidamente… como el papa Francisco. En sus nueve meses en su cargo se ha posicionado en el mero centro de las discusiones de nuestro tiempo: acerca de riqueza y la pobreza, corrección y justicia, transparencia, modernidad, globalización, el papel de las mujeres, la naturaleza del matrimonio, las tentaciones del poder”. Al ofrecer las razones para esta designación, la editora de Time señaló que esto se hacía por haber Francisco “sacado al papado fuera del palacio y a las calles, por empujar a la Iglesia más grande del mundo a confrontar sus más profundas necesidades y por equilibrar el juicio con la misericordia”. No puedo estar más de acuerdo, estos comentarios se refieren a gestos que en realidad son símbolos de profundas transformaciones del papado que Bergoglio ha emprendido, pero que todavía no se cristalizan en el resto de la Iglesia. El pontífice ha comenzado a limpiar la casa en su propio gobierno, es decir, en la Curia romana. Sin embargo, para que esto se traduzca en un cambio generalizado en todas las diócesis del mundo, se requerirá tiempo y mucho más compromiso por parte de los obispos. Hasta hoy no he visto este cambio en los arzobispos mexicanos, por ejemplo. Algunos siguen desplegando riqueza y privilegios, en abierta resistencia a lo predicado por el Papa. Muchos no han abandonado sus palacios ni entregado sus camionetas ni dejado de cortejar a los empresarios, políticos y hombres de poder.

Además, limpiar la casa no se traduce tampoco de manera automática en un cambio doctrinal, con impacto directo en la relación de la Iglesia con la sociedad. No hay, al parecer, ninguna intención de modificar la postura tradicional de la Iglesia en materia del papel de la mujer en la institución o de los derechos de los homosexuales en la sociedad, incluido el derecho a contraer matrimonio. Time lo dice claramente: “Nada de esto [refiriéndose a los cambios introducidos] lo convierte en un liberal [progresista, diríamos en México]”. Bergoglio se ha negado a debatir el tema del sacerdocio femenino, el del aborto o la definición de matrimonio. Sin embargo, el Papa ha convocado también a un Sínodo Extraordinario de Obispos para discutir en octubre de 12014 acerca de los retos pastorales que enfrentan las familias modernas, lo que incluiría temas como el de la ética sexual, el divorcio, las uniones fuera del matrimonio y la reproducción.

La clave del comportamiento del papa Francisco, como me lo sugirió hace poco mi maestro Émile Poulat (93 años y con la misma lucidez de siempre), es que simplemente a Bergoglio no le preocupa tanto la doctrina. Para él la religiosidad no pasa por la obediencia estricta a normas difíciles de cumplir, sino por la misericordia y la compasión. Como dice la revista mencionada: “Él [Francisco] está tomando en cuenta la complejidad y reconociendo el riesgo de que una Iglesia obsesionada con sus propios derechos pudiera infligir más heridas que curaciones”. Además de esto, yo agregaría que el Papa sabe muy bien que, sin admitirlo, muchos de sus gestos y palabras abren nuevas brechas para la interpretación y el comportamiento de los católicos. Como ya lo hemos establecido en este espacio, por ejemplo, la frase: “¿Quién soy yo para juzgar?”, aunque expresada en un contexto de rechazo a cualquier posible mudanza de postura doctrinal en materia de homosexualidad, generó muchísima esperanza respecto a un cambio de Roma en la materia. El Papa no se desdijo ni aclaró, aunque sabe de la ambigüedad de sus palabras y los malentendidos que ha generado.

En suma, el papa Francisco se ha ganado a pulso su designación como persona del año. Habrá que ver si las transformaciones que ha emprendido encuentran el camino. Un amigo jesuita me dijo hace poco al respecto: “Todo a su tiempo”. A lo que le contesté: “Si le dan tiempo”. Veremos en 2014.

roberto.blancarte@milenio.com