Lo que el Papa busca en Asia

Está por verse si el catolicismo puede superar la barrera histórica de la identificación con Occidente. Para un continente como el asiático, la presencia católica es poco significativa.

La gran paradoja del cristianismo es que, siendo una religión de origen asiático, se desarrolló en el mundo occidental más que en su lugar de origen. Ya no digamos en Medio Oriente, donde la presencia del islam desde el siglo VII convirtió a los cristianos en minorías religiosas toleradas, identificadas más bien con el Imperio Bizantino o con los reinos de Europa. Y muchas de las comunidades cristianas antiguas, cuyas huellas pueden observarse en las cuevas de Capadocia o en algunos lugares remotos de la actual Siria, han ido desapareciendo con el paso del tiempo, amenazadas más que por las guerras, por las nuevas formas de intolerancia que antes el propio Islam no practicaba. Algunos conflictos modernos se han convertido así en nuevas guerras de religión. Como muestra de ello está la antiquísima división entre sunnitas y chiitas dentro del Islam que está ahora alimentando de manera sorprendente los conflictos en Irak, Siria, y en general en todo el Medio Oriente y que de paso está afectando a cristianos y judíos en la zona.

Las persecuciones no son, sin embargo, la única razón de que el cristianismo no haya crecido en el continente más poblado del planeta. Las tradiciones religiosas allí están bien asentadas, contrariamente al continente africano (donde el animismo era terreno fértil para las misiones cristianas y el avance del Islam) y nunca pudieron ser impuestas por la fuerza como sucedió en territorio americano. En el mundo árabe y en Asia central el Islam se estableció con fuerza y toleró a las religiones del libro (cristianos y judíos), pero ciertamente no alentó su crecimiento. En el subcontinente indio, el sistema de creencias al que se le denomina “hinduismo” sigue siendo hasta hoy la clave identitaria de alrededor de mil millones de personas, como mostraron las recientes elecciones. El catolicismo ha crecido mucho y ahora tiene alrededor de 24 millones de seguidores, que para otros estándares es mucho, pero en término del mar hinduista no constituye más que una gota de 2.3%. En otros lugares del Extremo oriente el cristianismo también ha crecido en números absolutos, pero los relativos siguen siendo muy pequeños. Hay lugares donde el cristianismo en su conjunto no supera 2% y el catolicismo es todavía menos significativo.

Los países donde el cristianismo en general y el catolicismo en particular tienen una presencia importante son muy pocos. Filipinas es la joya de la corona, con 73 millones de fieles católicos (tercer lugar en el mundo después de Brasil y México). Luego, muy atrás, hay lugares como Vietnam con más de 5 millones de católicos (de un total de 80 millones de habitantes), pero que curiosamente están perdiendo terreno frente a las Iglesias pentecostales. La República de Corea (Corea del Sur) aparece entonces como el lugar más prometedor para la Iglesia católica, pues de los 50 millones de habitantes con que cuenta el país, la mitad declara no tener preferencia religiosa (lo cual es terreno abierto para el proselitismo), una tercera parte se declara cristiana y 10 por ciento (unos 5 millones) se afirma católico.

No debe extrañar entonces que el Papa, pese a que se declaró hace poco contrario al proselitismo, viaje a Corea la próxima semana, con el pretexto de la VI Jornada de la Juventud Asiática. Francisco se reunirá, además, con los obispos católicos de toda Asia, lo cual muestra el tamaño de las preocupaciones y ambiciones de la Santa Sede. Está por verse, sin embargo, si el catolicismo, como en general el cristianismo, puede superar la barrera histórica de la identificación con Occidente. Filipinas (ex colonia española), Vietnam (ex colonia francesa), Corea del Sur y Japón (impactadas por Occidente) son para muchos la prueba de ello. Y para un continente como el asiático, que con 4 mil 300 millones de habitantes tiene 60% de la población mundial, la presencia católica es poco significativa. La clave está además en países como India o China, que se han resistido a la expansión de una religión identificada con Occidente. Todo pasa por una clave cultural, la cual podría, sin embargo, estar cambiando: la relación Este-Oeste ya no es lo que era antes.

roberto.blancarte@milenio.com