Nuevo León: ¿verdades o libertades?

Se presentó en el Congreso de Nuevo León una iniciativa de reforma: “derecho a la vida desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural”. De concretarse, una de las entidades que han estado a la vanguardia de las libertades retrocederá décadas en su desarrollo político, social y cultural.

El derecho a la vida es algo en lo que todo mundo está de acuerdo. En lo que hay menos acuerdo es en lo que esto significa, en quién recae este derecho y en el alcance del mismo. El riesgo mayor es legislar sobre algo en lo que ni la ciencia ni la sociedad están de acuerdo. Hay unos que dicen que la vida comienza desde la fecundación, es decir desde que un espermatozoide penetra o fecunda un ovario. Pretenden que la sociedad debe defender, como si fuera una persona, a ese cigoto o embrión. Hablan del mismo como si fuese un bebé recién nacido. Quieren impedir entonces cualquier tipo de dispositivo o pastilla que impida su formación y desarrollo. Les perece que estos son equivalentes a actos criminales y las personas que los cometen deben ir a la cárcel, sobre todo si se atrevieron a interrumpir un embarazo. Para ellos, impedir que un cigoto se desarrolle es como matar a un feto de ocho meses y medio. Hay otros que dicen que sería un absurdo considerar al cigoto como una persona pues implicaría que, en la práctica hay miles de asesinatos cada vez que una mujer utiliza un dispositivo intrauterino o que se toma una pastilla anticonceptiva de emergencia. Otros consideran también que hay circunstancias especiales que deberían permitir a la mujer poder interrumpir su embarazo, como en los casos de violación o de peligro de vida de la madre.

A quienes defienden el derecho a la vida, “desde la concepción hasta la muerte natural” tampoco les parece que una persona deba ser ayudada a morir, aunque ésta así lo desee y pida auxilio para ello en toda conciencia y de manera expresa. Para ellos solo Dios da y quita la vida, por lo que los enfermos terminales deben esperar la muerte hasta que Dios se las conceda y no importa si están sufriendo, al igual que sus familias. Para los conservadores, ningún ser humano puede ayudar al enfermo más grave a terminar con su dolor, aunque no haya esperanza de recuperación. Pueden tener a una persona en estado vegetativo y sin actividad cerebral por años, por respeto a un principio que refleja poca compasión en la práctica. Hay otros que respetan el derecho de las personas a morir de manera digna, ayudados por médicos y otros especialistas de la salud, bajo reglas y condiciones muy claras de respeto a la decisión del propio paciente. Para estas personas, un individuo debe tener derecho a morir en las mejores condiciones, sin que ello implique un castigo para quienes le ayudaron a cumplir con su voluntad. La compasión, en este caso, se refleja hacia la persona real, más que al principio doctrinal o religioso.

En realidad, si usted presta atención, podrá notar que todo mundo está a favor de la vida. Pero hay enormes diferencias sobre lo que esto significa, sobre su inicio y su fin. ¿Quién, por lo demás, en este contexto de inseguridad y violencia puede estar en contra? Se clama que hay que regresar a “los valores”, como si solo uno de estos campos los tuviera. En realidad, todos tienen valores, nada más que de distinta naturaleza: unos defienden “la verdad” única, que se debe imponer a todos, mientras que otros defienden las libertades, a las que cada quien tiene derecho, sin imponerlas a los que piensan distinto. El debate suele ser muy engañoso porque se suelen olvidar las personas reales, así como los razonamientos científicos. Los argumentos están allí, pero muy pocos les hacen caso. Los conservadores en ocasiones terminan imponiendo su verdad a los demás, por medio de la legislación.

Así, en mayo pasado se presentó en el Congreso del estado de Nuevo León una iniciativa de reforma para elevar a rango constitucional ese famoso “derecho a la vida desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural”. De concretarse esta nueva ofensiva conservadora, una de las entidades que siempre han estado a la vanguardia de las libertades en el país retrocederá décadas en su desarrollo político, social y cultural. Sufrirán todos, desde las mujeres, a las que se les encarcelará por interrumpir su embarazo, pasando por los médicos que se apiadaron del enfermo terminal, hasta los propios conservadores, que dejarán de aprovechar los avances de la ciencia genómica.

roberto.blancarte@milenio.com