Navidad y dinero público

Todos vivimos en un tiempo secular, que se vive de acuerdo al calendario cívico, mismo que tiene sus orígenes en el calendario romano, seguido después por el juliano en el año 46 antes de Cristo y luego por el gregoriano, elaborado en 1582. Muchos creyentes viven también un tiempo religioso, que se mide de acuerdo a su propia convicción con un calendario propio. Los judíos tienen el suyo, el cual inicia hace 5,774 años, con sus fiestas ancestrales, fijadas de acuerdo a sus tradiciones y conmemoraciones, como son la salida de Egipto o la destrucción del segundo templo de Jerusalén. Los musulmanes también tienen su calendario y están en su año 1435, que se inicia con la hégira o salida del profeta Mahoma y sus seguidores de La Meca hacia Medina. Ellos conmemoran sus propias fechas, como es el Ramadán o los viernes de oración. Los budistas fijan sus propias festividades de acuerdo con un calendario solar y lunar combinado, generalmente alrededor de la figura de Buda, de su nacimiento, o de su iluminación. En realidad, los calendarios budistas pueden variar, de acuerdo a las tradiciones distintas (tibetana, del sudeste asiático, etcétera). Lo mismo les sucede a los cristianos, que celebran sus fiestas de acuerdo a fechas preestablecidas. De hecho la Iglesia ortodoxa continúa utilizando el calendario juliano mientras que la católica y las protestantes utilizan el gregoriano. De allí que las fechas de Navidad y Año Nuevo no coincidan entre ellas, lo cual hace posible, por ejemplo, que cada una de estas iglesias pueda celebrar en fechas distintas el nacimiento de Jesús en la Iglesia de Belén, en Palestina, que ambas administran. A partir de esto, cada iglesia tiene un calendario litúrgico, el cual no coincide con el secular, a pesar de que el inicio de la era coincida con la supuesta fecha del nacimiento de Jesús de Nazaret. En el caso de la Iglesia católica, su calendario litúrgico comienza con el Adviento en las primeras Vísperas del domingo que cae 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba antes de las Vísperas de Navidad. Mucho más complicado es el establecimiento de la fecha de la Resurrección, centro del calendario litúrgico católico y primer día de la Pascua, la cual sigue el calendario lunar judío.

Todo esto para decir que, a pesar de la extensión en el uso del calendario gregoriano, el tiempo y las festividades se miden de manera distinta según cada tradición religiosa. Es algo en lo que no pensamos comúnmente, pues en México estamos tan acostumbrados a las festividades tradicionales y las asimilamos al calendario secular. Pero la razón por la cual se establecieron los calendarios cívicos en la época moderna es que lo que hacen los gobiernos, en un esquema de separación y autonomía del Estado, no puede seguir el calendario específico de alguna de estas iglesias o creencias religiosas, aunque una de ellas sea mayoritaria. Eso quiere decir que es incorrecto que el dinero público se utilice para promover una fiesta religiosa en particular. Y sin embargo es una práctica generalizada en nuestro país que los gobiernos instalen en los edificios públicos arbolitos de Navidad, así como también pesebres o nacimientos. Muchas veces, bajo el pretexto del apoyo a las tradiciones culturales, vemos a presidentes municipales y gobernadores destinar recursos y espacios a este tipo de manifestaciones religiosas, olvidando que ellos no pueden o no deben favorecer a una religión específica, pues faltan al republicano principio de la igualdad en el trato. Algunos gobernadores se pelean ahora para llevar estos pesebres al Vaticano y de paso saludar al Papa, me imagino que usando el dinero público. Cuando así lo hacen, automáticamente están enviando un mensaje al resto de los ciudadanos, mediante el cual muestran claramente que el gobierno privilegia a una religión. ¿Estarían de acuerdo ellos mismos si hubiera un presidente municipal que promoviera una celebración musulmana o una fiesta judía? Fuera de eso, debo decir que a mí me gustan los arbolitos de Navidad, pero dentro de las casas o eventualmente en un centro comercial, el cual, instalando uno de ellos, estará declarando su catolicidad.

roberto.blancarte@milenio.com