Dios, por lo visto, no es brasileño

A pesar de la laicidad de la FIFA, la religión tiende a meterse a través de todas las rendijas que las creencias personales dejan abiertas. Y todos siguen pensando que Dios está con ellos. Hasta que éste les demuestra que es alemán.

Siempre me ha llamado la atención que los jugadores de futbol recen no solo individualmente, sino como equipo, antes de un partido. Como si Dios estuviera pendiente de esos detalles del universo; a ver quién gana entre Brasil y Alemania, o entre Alemania y Argentina. Y como si Dios tuviera que dirimir las diferencias entre los que son sus creyentes de diversas naciones. En la Edad Media, por ejemplo, cuando los cristianos de Inglaterra y los de Francia apelaban al mismo Dios para ganar batallas, éste obviamente no decidía el destino de los conflictos porque todos eran igualmente sus fieles seguidores. Dios no podía castigar a pueblos enteros, aún si sus reyes se habían equivocado; no podía abandonar a su suerte a devotos cristianos de distintos ejércitos. Pero aun así los soldados rezan antes de la batalla, no solo para encomendarse personalmente, sino para que Dios les otorgue la victoria, como si los otros fuesen infieles o no merecedores de la bondad divina.

Algo así sucede en las canchas de futbol. Los jugadores no solo se persignan al entrar en la cancha para pedir la protección personal de Dios, sino que se encomiendan colectivamente. No importa que, en la práctica, sus oraciones no funcionen siempre, más que cuando ganan o salen ilesos. Lo que no me explico es lo que sucede cuando pierden o se lastiman. Supongo que funciona como en otras cuestiones relacionadas con la religión, es decir, si el deseo se cumple es porque así lo quiso la divinidad. Pero si no es así es porque algo se hizo mal y se está pagando la culpa, o porque existen razones inescrutables fuera del alcance de la comprensión humana.

Algo así debe haber sucedido alrededor del 7-1 que le propinó Alemania a Brasil. Al final del partido, una cámara de televisión mostró a uno de los jugadores brasileños rezando. ¿Qué le estaría diciendo el jugador a Dios? ¿Le estaría agradeciendo la goliza? ¿Que no les hayan anotado más? ¿O le estaba ofreciendo la humillante derrota como una forma de expiación? Difícil saber. Lo cierto es que la FIFA tiene muchas razones para no permitir que estas expresiones religiosas cundan, pues a las batallas nacionalistas no se les necesita agregar un componente religioso. Por ejemplo, en el Mundial de 2014 participaron musulmanes en los equipos de Bosnia, Ghana, Camerún, Costa de Marfil y Nigeria. Por suerte a nadie se le ocurrió lanzar consignas islámicas.

Las imágenes del equipo brasileño rezando después de derrotar a Alemania y ganar la Copa Mundial en 2002 en Yokohama prenderían los focos de alarma de la FIFA. Cuando Brasil ganó la Copa Confederaciones en 2009 y el espectáculo se repitió con Kaká mostrando una camiseta con el emblema “Le pertenezco a Jesús”, los extrañamientos y las sanciones comenzaron a llegar a la Confederación Brasileña de Futbol. Joseph Blatter lo calificó como “un peligro” y se tomaron todas las medidas necesarias para evitar que ese tipo de expresiones se repitieran en el Mundial de 2010. El artículo 4 del Reglamento de la FIFA establece que “los jugadores no deben mostrar ropa interior con eslogan o publicidad. El equipamiento básico obligatorio no debe incluir ninguna expresión personal, política o religiosa.” Por eso, en principio, ya los jugadores no se andan quitando la camiseta para mostrar mensajes personales, como en algún momento se puso de moda. Aún así, tan recientemente como diciembre de 2013, el jugador Mubarak Wakaso de Ghana, después de cobrar un penalti, exhibió en su camiseta el mensaje: ¡Alá es grande! Con lo cual cobró valor la advertencia del director de la federación danesa, quien hace años dijo: “Así como no podemos permitir que la política se mezcle con el futbol, también la religión debe quedar excluida”.

Sin embargo, a pesar de la laicidad de la FIFA, la religión tiende a meterse a través de todas las rendijas que la superstición o las creencias personales dejan abiertas. Y todos siguen pensando que Dios está con ellos. Hasta que éste les demuestra que es alemán. O que Ratzinger tiene más influencia que Bergoglio en las esferas divinas. O que para ganar el Mundial no se necesita rezar.

roberto.blancarte@milenio.com