Cárdenas y Navarrete

La verdad es que el PRD tuvo las elecciones más limpias y vigiladas de los últimos años y que Navarrete representa a la corriente mayoritaria dentro de ese partido. Una corriente que ha mostrado responsabilidad política. Cárdenas y Navarrete deberían entenderse, pues el futuro de la izquierda podría depender de ello.

Ayotzinapa ha sido un duro golpe para toda la clase política mexicana. Pero lo ha sido aún más para la izquierda mexicana, por el simple hecho de que Iguala estaba gobernada por el PRD y el estado de Guerrero también. Uno podría preguntarse, tratándose de casos similares, en el sentido de que mostró las ligas del crimen organizado con funcionarios públicos, por qué no sucedió lo mismo con el PRI en Michoacán. Por lo demás, es bien sabido que el fenómeno de la corrupción, ligado al narcotráfico, al crimen organizado o a grandes consorcios empresariales, ha afectado a todos los partidos. La respuesta sobre la singularidad de este caso tiene que ver con varios factores. El primero de ellos es por la propia dimensión del crimen perpetrado y por las pruebas de la participación activa del político en la dirección de estos actos, aunque por supuesto no es la primera vez que algo así haya sucedido en el país. Recordemos que en Quintana Roo y en Tamaulipas o en Sinaloa desde hace décadas ya se habían documentado casos de nexos entre políticos y narcotraficantes. El segundo factor es que Ayotzinapa fue la gota que derramó el vaso. La sociedad mexicana en general está harta de la corrupción e impunidad, de la inseguridad y de la incompetencia de las autoridades y de la clase política en general. El tercer factor es el de la división de la izquierda mexicana y su falta de convicciones democráticas.

Se pueden hacer muchas críticas a la actual dirigencia del PRD. Pero visto objetivamente, es el único liderazgo partidista que ha dado la cara, que ha pedido perdón por no haber sido cuidadoso en la selección de Abarca como candidato y por no haber después actuado a tiempo, cuando ya se tenían indicios de su relación con el crimen organizado. Ninguna otra dirigencia partidista ha asumido su responsabilidad política en casos similares y ningún otro funcionario público asumió plenamente su responsabilidad por la negligencia con que se han tratado éste y muchos otros casos similares. Sería entonces injusto pretender hacer recaer en este liderazgo toda la responsabilidad por lo ocurrido en el país en las últimas décadas.

Y aquí es donde entra el papel desempeñado por el resto de la clase política. Por supuesto que los dirigentes del PAN y del PRI, quienes se han quedado callados, están muy contentos con lo que le está sucediendo al PRD y de paso a Morena y otras organizaciones de izquierda (ya saldrán las fotos en la siguiente campaña). En su tradicional visión de corto plazo, saben que probablemente serán los beneficiarios de este desprestigio para las elecciones de 2015, que son las únicas que les importan. Pero quienes han sido todavía más miopes y mezquinos en su proceder han sido los propios perredistas de las corrientes minoritarias. Los bejaranistas, escupiendo para arriba y esperando que a la gente se le olvide todo lo que han hecho (desde las ligas hasta imponer a Juanito en Iztapalapa), rencorosos por no haber logrado evitar el triunfo de Nueva Izquierda, los señalan ahora con el dedo flamígero y diciéndole a todo mundo que (por primera vez) no fueron ellos los responsables de la designación del candidato en Iguala, aunque luego, como ya lo dijo el procurador general de la República, tampoco hicieron realmente algo concreto y formal para denunciarlo. Otras corrientes minoritarias solo han actuado igualmente en forma revanchista.

Cuauhtémoc Cárdenas es un caso distinto. Pero como ya lo dije en marzo pasado: “Mal haría el ingeniero Cárdenas en apoyar y apoyarse en los grupos que, solo para satisfacer sus propios intereses, quieren pasar por encima del juego democrático dentro del PRD. A estas alturas él debería concentrarse en ser lo que sin duda nadie le cuestiona: una gran autoridad moral de la izquierda.” La verdad es que el PRD tuvo las elecciones más limpias y vigiladas de los últimos años y que Navarrete representa a la corriente mayoritaria dentro de ese partido. Una corriente que, con todos sus errores, por lo menos ha mostrado responsabilidad política. Me parece que, Cárdenas y Navarrete, en lugar de chocar, deberían entenderse, pues el futuro de la izquierda podría depender de ello.

roberto.blancarte@milenio.com