Borrar el pasado o vivir con él

Los legionarios están pensando en la pederastia de su fundador, pero además de ese crimen, está el que se hizo contra los propios miembros. Mientras eso no cambie, la Legión de Cristo seguirá siendo la que fundó Maciel.

Los legionarios de Cristo quieren escapar al juicio de la historia y pretenden rehacerla, reformándose a sí mismos. La santa sede intervino la congregación, aunque hay dudas sobre la profundidad de esta acción. Más allá del cambio de algunos de sus dirigentes y de obligarlos a que asuman la responsabilidad por los crímenes de su fundador, el Vaticano nunca pensó en su disolución. Es como si en la Alemania de la posguerra se hubiera permitido que el partido nazi subsistiera, con algunas reformas y condenas a Hitler. Como si hubieran sacado a nuevos dirigentes que pidieran sinceras disculpas por el Holocausto, y la membresía, pero sobre todo el corpus ideológico, quedara prácticamente intacta. Y que los que permanecieron hubiesen prometido hacer todo lo posible para establecer ambientes seguros para sus anteriores víctimas. El ejemplo puede ser abusivo, pero las similitudes son mayores de lo que se puede pensar: en la posguerra muchos miembros del partido nazi, de las fuerzas armadas o de la administración pública del Tercer Reich dijeron que ignoraban lo que hacía sus dirigentes y que ellos solo obedecían órdenes. Hubiera sido muy sencillo que el Partido Nacionalsocialista atribuyera todos los males y horrores a Hitler y su camarilla cercana. Pero lo cierto es que el mal iba más allá de ellos; permeaba al partido y a todo el régimen, así como a muchos que lo apoyaron ciegamente.

En el caso de la Legión de Cristo, la santa sede prefirió atribuir todos los males al fundador y asumió que la congregación era inmaculada y que no reproducía ninguno de los vicios de Marcial Maciel. También prefirió ignorar las críticas que señalaban los problemas estructurales en la propia manera como la congregación se concibe y actúa. Cuestiones que no aparecen en el reglamento, pero que forman parte de una cultura de paranoia y secretismo, que no va a desaparecer de la noche a la mañana por decreto. Por ejemplo, la costumbre de separar a los legionarios de sus familias, de revisar su correspondencia, de que ellos mismos denuncien sus faltas y las de sus compañeros, la de inmediatamente señalar a quien se atreviese a criticar al fundador o a sus dirigentes, la de crear coartadas para justificar lo injustificable, la de obedecer ciegamente, la de pensarse superiores a los demás, la de desconfiar de las instituciones civiles, pero también de las eclesiásticas, etcétera. No me cansaré de recomendar el libro de Nelly Ramírez Mota Velasco, El reino deMarcial Maciel; la vida oculta de la Legión y el Regnum Christi, por su invaluable aportación en el desenmascaramiento de esta “cultura de mentira”, así definida en 2010 por el cardenal William Joseph Levada. Como señala Nelly: “La sombra del fundador lega prácticamente a todos los rincones de la Legión. Su modo de ser ha creado escuela”. La santa sede, por diversas razones, que pasan por el dinero y por una equivocada percepción sobre las vocaciones en la Iglesia, decidió no disolver la congregación. Y ahora ésta inició pasos tímidos, que no apuntan a una verdadera reforma interna, ni de su espiritualidad ni de su confusa vocación. Por ejemplo, el reconocimiento de que se generó “cierto individualismo” y el desinterés por los asuntos comunes, o una comisión para rehacer su historia. ¿Tratarán de borrar el nombre de su fundador? ¿O lo mostrarán tal y como fue, junto a todos sus cómplices internos y externos, que hicieron posible sus crímenes? Pondrán también en práctica, dicen ellos, ambientes seguros para proteger, mediante un nuevo código de conducta, a niños, mujeres y adultos vulnerables “y reducir lo más posible los riesgos”. La Legión anuncia una renovación en los centros vocacionales, así como adaptaciones pedagógicas y disciplinarias. También una comisión para analizar el uso adecuado de la psicología. Obviamente, los legionarios están pensando en la pederastia de su fundador, pero parecerían ignorar que además de ese crimen, está el que se hizo contra los propios miembros de la Legión, ordenados y laicos, a quienes se sometió a una formación que nulificó su voluntad. Mientras eso no cambie, la Legión de Cristo seguirá siendo la legión que fundó Marcial Maciel.

roberto.blancarte@milenio.com