Para verlos mejor…

Por invitación de mi buen amigo Alejandro Gómez Levy, presidente del capítulo Jalisco de la organización Mexicanos Primero, asistí el miércoles pasado a la presentación del estudio “Los Invisibles. Las niñas y los niños de 0 a 6 años en México”. Un extraordinario esfuerzo de incidencia política para que sociedad y gobierno volvamos la mirada sobre los mexicanos más pequeños.

A decir de David Calderón, uno de los autores, es preciso reconocer que lo que hace peculiar a la primera infancia es que se trata de la etapa en que coincide la máxima estructuración del potencial humano con su mayor vulnerabilidad. Por ello, resulta inadmisible las precarias condiciones que padecen muchos de nuestras niñas y niños mexicanos: “Si porque son chiquitos destinamos ‘poquito’ de nuestro esfuerzo social, de nuestro presupuesto público, de nuestra capacidad institucional, entonces somos los adultos los que tenemos un problema de retraso y de baja estatura” (p.3).

Algunas pocas cifras para dimensionar la incomprensión que impera en México hacia nuestros infantes, revelan que el 18 por ciento de los menores de un año ni siquiera cuenta con un registro de nacimiento. Esta cifra es de 44 por ciento en Chiapas, 40 por ciento en Guerrero, en tanto que en Morelos y Oaxaca es del 26 por ciento. El gasto público que México destina cada año a cada niño durante sus primeros cinco años asciende a 6,589 dólares, una cantidad muy por debajo de los 11,263 que gasta Chile y el más del triple que gasta Corea del Sur y que asciende a 19,524 dólares. Aún más, del presupuesto total que México destina a este segmento de población, solamente una sexta parte se invierte en niños de 0 a 3 años. Con justa razón son llamados los olvidados de los invisibles. Si los niños son invisibles, sus problemas lo son aún más: la mayoría de los programas y políticas no son evaluados, existe muy poca información sobre el desarrollo infantil y los indicadores de calidad de los servicios que reciben son pocos o nulos.

¿Qué hacer frente a este problema? Antes que nada, tomar conciencia de él para verlos mejor particularmente a los de familias menos favorecidas. Algunas recomendaciones que podrían abonar a la solución tienen que ver con dar un hogar institucional del mayor rango en la jerarquía del gobierno mexicano. Por supuesto, gastar aún más y mejor los recursos públicos destinados a este segmento de población. Preparar y apoyar más a los padres de familia, así como activar a la sociedad civil y profesionalizar sus acciones. Pero lo más importante es reconocer que el primer paso para ganar esta batalla es de los padres: un buen apapacho siempre activará el cerebro y lo dispondrá para aprender. 

 

roberto.arias@coljal.edu.mx