La utilidad de la ética más allá de la Ley

El lamentable episodio ocurrido la semana pasada por cortesía de los consejeros del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (IEPCEJ), y su intento fallido de servirse con la cuchara grande en la decisión de asignarse un salario a todas luces desproporcionado, constituye una inmejorable oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la ética para revitalizar la vida pública en la entidad.

Si de por sí los resultados de la última encuesta levantada por el Observatorio Ciudadano Jalisco Cómo Vamos nos revelan un escenario muy poco halagüeño en materia de cultura cívica y los escasos márgenes de conocimiento y aprobación social de las autoridades locales, los asuntos tan comunes como patéticos como el ilustrado por el caso del presidente del IEPCEJ, Guillermo Alcaraz Cross, vienen a convertirse en un auténtico limón para las heridas aún abiertas por años de impunidad en la vida pública de Jalisco.

Si queremos encontrar las respuestas a la falta de interés de los tapatíos en la política y su escaso involucramiento en organizaciones de ningún tipo, así como a esa creencia generalizada acerca de la incapacidad de las personas para ponerse de acuerdo en la resolución de problemas colectivos en virtud del egoísmo imperante en la sociedad, bastaría con imaginar el sarcástico tono de voz del patético presidente del IEPCEJ argumentando que “no hay más ética que el cumplimiento de la ley” (MILENIO JALISCO, 10 de marzo), para corroborar que en la raíz de todos nuestros problemas que nos aquejan como sociedad, se encuentra precisamente el menosprecio de esos valores que le dan sentido y razón de ser a nuestra convivencia cotidiana.

Por ello no debe sorprendernos que en medio de una sociedad tan marcadamente desconfiada y discriminatoria como la nuestra, casi la mitad de los habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara paradójicamente hayan considerado el respeto como el valor más importante para mejorar la vida en comunidad, seguido muy de lejos por los valores de la honestidad, la tolerancia y la solidaridad.

Si una lección podemos extraer del lamentable episodio protagonizado por todos los consejeros del IEPCEJ, es que un comportamiento auténticamente orientado por una ética bien cimentada, constituye el antídoto más eficaz y barato para evitar cualquier pifia o trago amargo en la vida de cualquier persona, sin importar si eres un ciudadano común o consejero electoral incluso. Basta con recordar el silencio imperante y la dureza de los rostros de los consejeros, durante la “rueda de prensa” en la que anunciaron que recularían de sus desproporcionadas pretensiones salariales para constatarlo.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx