¿Para qué sirven las ideologías?

Quienes me conocen saben muy bien lo que suelo pensar acerca del expresidente Vicente Fox, sin embargo, debo admitir que el hombre ha mostrado una extraordinaria capacidad para expresar las más diversas sandeces que definitivamente no dejarán de sorprenderme. Por supuesto puedo entender muy bien que, para un ex-directivo de la compañía Coca-Cola que le pasó de noche su responsabilidad pública como titular de la Presidencia de la República, ahora se le ocurra la nueva pifia de que “por lo pronto aquí, su servidor, lo que hizo es dejar las ideologías a un lado, es lo que aprendí en Asia, ahí las ideologías y los partidos ya son cosa del siglo pasado” (MILENIO JALISCO, 16 de febrero).

No me considero un especialista sobre la realidad política que se vive en Asia, pero sí al menos creo tener algunas pistas sobre lo que sucede en México y particularmente en nuestra entidad. Mis estudios acerca del “espacio” ideológico relevante durante el proceso electoral de 2009 (Arias, 2011), sugieren la existencia de una significativa homogeneidad ideológica de los ciudadanos que habitan en los municipios de El Salto, Guadalajara, Tlajomulco de Zúñiga, Tonalá, San Pedro Tlaquepaque y Zapopan.

Definitivamente tales hallazgos no resulta un asunto menor para el sistema de partidos políticos. Desde la perspectiva teórica de elección racional por ejemplo, se espera que los partidos políticos, en tanto actores racionales en un contexto de alta competencia política, deliberadamente adopten plataformas políticas similares movidos por su interés de maximización de votos. Un análisis más detallado sugiere que el “espacio” ideológico relevante durante la elección de 2009 se explica más por el probable “congelamiento” que sufrieron las divisiones sociales que históricamente funcionaron en Jalisco a partir de los conflictos entre el Estado y la Iglesia católica y que datan de la época de la Revolución Mexicana, que como resultado de las estrategias de maximización de votos adoptadas por los partidos políticos en el contexto de la competencia electoral.

Lo anterior permite justipreciar las declaraciones foxistas al confirmar que las ideologías obviamente tienen que ver con nuestro pasado pero definitivamente se equivocan al sugerir que deben dejarse de lado. Seguir por ese camino equivaldría a minimizar la evidente responsabilidad ética de los actuales partidos políticos para contemporizarlas y darles el valor que realmente tienen como recurso estratégico insustituible para diferenciarse de sus oponentes. Otra alternativa democrática apostaría por cerrarle el paso al clientelismo político predominante entre los partidos en sus afanes de triunfo electoral. 

roberto.arias@coljal.edu.mx

Académico de El Colegio de Jalisco