El propósito de una vida y una muerte

De la escalada de violencia que este año marcó definitivamente al mes patrio, valdría la pena reflexionar sobre el que quizás sea el más desconcertante, entre los varios hechos violentos que se suscitaron y es el que terminó con las vidas del diputado federal Gabriel Gómez Michel y su amigo de infancia y cercano colaborador Heriberto Núñez Ramos (MILENIO JALISCO, 24 y 25 de septiembre).

Coincido con la opinión de mi buen amigo Carlos Sepúlveda Valle respecto a que el sacrificio de estos hombres debe tener algún sentido trascendente (MILENIO JALISCO, 27 de septiembre). Por la manera en que venimos a enterarnos del plagio y posterior asesinato de ambos hombres, ciertamente hemos podido identificar un primer nivel de significación en torno a la muerte de ambos personajes, que tiene que ver con evidenciar limitaciones y fallas operativas de un sistema de videovigilancia sobre el cual pesaban añejas sospechas, particularmente por el monto de recursos que en su momento significó su inversión. Sin restarle relevancia a este descubrimiento, sobre el cual confío en que habrá consecuencias y el correspondiente deslinde de responsabilidades, francamente me resisto a pensar que sea la única línea de reflexión posible.

También es claro que quienes planearon y ejecutaron tan artero plagio y asesinato a plena luz del día, buscaron asegurarse de que se diera a conocer el acontecimiento a manera de un mensaje dirigido a alguien más. Ciertamente el mensaje lo recibimos todos los que cotidianamente circulamos por las calles y avenidas de esta ciudad y nos llegó a tocar las fibras más sensibles de nuestra indignación y miedos colectivos.

Más aún, este hecho violento debió significar algún mensaje que bien podríamos calificar como cifrado, en tanto que sólo alguien, con nombre y apellido, pudo recibir. Sin embargo, estamos entrando a un terreno pantanoso en el que el acontecimiento pierde claridad y se vuelve francamente desconcertante. Al menos por lo que hemos podido conocer, quienes no tuvimos la oportunidad de conocerle en vida, me parece que los motivos de su muerte no se encontrarán en la biografía de este buen hombre.

Si la motivación tuvo que ver con la responsabilidad pública que ostentaba antes de su muerte, entonces la decisión de atraer el caso por parte de la Procuraduría General de la República nos deberá arrojar luces sobre lo que movió a quienes cometieron tan artero asesinato, a seleccionar de entre 500 probables víctimas, precisamente a un jalisciense y un priista, lo cual nos lleva a las otras probables pistas que tienen que ver con sus responsabilidades políticas anteriores del ámbito local: ¿Para quién fue el mensaje?

 

roberto.arias@coljal.edu.mx