¿Hacia una nueva economía metropolitana?

La semana pasada nos referíamos en este espacio a la condición de fragmentación que impera hoy en día en cada uno de los gobiernos y las administraciones públicas municipales como el más elocuente resultado de la ausencia de un servicio público municipal profesional y ahora resulta obligado referirnos a esa otra fragmentación entre gobiernos municipales que comparten una misma realidad metropolitana.

Teóricamente la fragmentación entre gobiernos es definida como “la situación gubernamental que se caracteriza por la disparidad entre los diversos organismos del gobierno que se “agudiza y deviene en una disociación cuando por efecto de las leyes, reglamentos, prácticas políticas y administrativas los organismos se vuelven autocontenidos, se distancian entre sí y operan con independencia respecto de los demás organismos del gobierno, con los que tienen acaso comunicación pero no colaboración”(Aguilar, 2013:128).

Bastó con que el gobierno del estado anunciara su intención de contratar una nueva línea de crédito por 3 mil 800 millones de pesos para que esas conocidas prácticas políticas se hicieran notar ya sea para deslizar críticas ante supuestos acuerdos políticos a favor de un partido político en particular (MILENIO JALISCO, 8 de octubre), que exigir más recursos para algún municipio específico (MILENIO JALISCO, 9 de octubre).

Resulta comprensible que esas críticas provengan de algunos representantes de los partidos políticos que ahora se encuentran del lado de la oposición. Sin embargo, a los nóveles gobiernos municipales más les valdría comprender muy bien la lección de aquella experiencia no muy lejana que vivieron los gobiernos metropolitanos emanados del Partido Acción Nacional durante los años 2007-2009, periodo en el que la metrópoli recibió una derrama económica extraordinaria con motivo de los preparativos para la realización de los Juegos Panamericanos durante 2011: Su oportunidad de hacer un buen gobierno no depende tanto de la cantidad de dinero que ejerzan en lo individual sus ahora exiguas haciendas públicas municipales, sino de la capacidad de ejercer coordinadamente los escasos recursos públicos disponibles.

Y ya si no es mucho pedirles, su mayor desafío radica en lograr coordinarse con un sentido auténticamente subsidiario, para lograr sumar antes que restar las posibilidades provenientes de esa otra cara de nuestra economía metropolitana de la que desafortunadamente poco se habla: las decisiones de inversión privada y el capital social acumulado. Visto así, más valdría cambiar ese discurso que ve en la escasez de recursos una amenaza y comenzar a observarlo como una oportunidad de transformación real.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx