El debate público sobre la libertad

Sin duda el principio de libertad ha vuelto a ocupar la tribuna pública de Jalisco en ocasión de la reciente aprobación de la llamada Ley de Libre Convivencia, haciendo patente esos lugares comunes a los que nos tienen acostumbrados tanto sus promotores como sus detractores, sin detenerse demasiado en ese tufillo de intolerancia que destilan ambas posturas que suelen confundir y limitar nociones tan elementales en las relaciones humanas como lo son la sexualidad, el amor y la amistad.

Las argumentaciones que alimentan ambas posturas resultarán siempre limitadas para reconocer que la bendición del amor ocurre lo mismo en la libertad de contar con una amistad íntima del mismo sexo que entre un hombre y una mujer que deciden libremente procrear y, en última instancia, parecen olvidar que únicamente es en la libertad de cada persona donde radica la condición para que el amor sea una bendición y no lo contrario.

Entre tanto la opinión pública continúa rasgándose las vestiduras a favor de un pretendido ejercicio de la libertad, tal parece no prestar demasiada atención al duro golpe que se le recetó por la vía de la deuda pública que se materializará a través del proyecto de presupuesto presentado por el Ejecutivo para el próximo año y que contempla un incremento del 32.3 por ciento del gasto público dedicado a este rubro (MILENIO JALISCO, 6 de noviembre).

Si reconocemos además, el efecto positivo que suele atribuirse a la educación sobre la libertad bajo la premisa de que una sociedad mejor educada es una sociedad más libre, entonces tendremos que estimar a la pérdida de libertad que sufriremos como sociedad en los años por venir, no sólo el costo de oportunidad que supondrá la obligación de dedicar más recursos para pagar la deuda pública que no parece tener fin, sino además el costo social que, por la vía del rezago educativo en nuestros niños y jóvenes, seguramente provocó la pésima administración de recursos que, ahora sabemos, se dio durante el periodo de Emilio González Márquez (MILENIO JALISCO,  7 de noviembre).

Visto así francamente me parece que el debate público suscitado resultaría mucho más fructífero, si se centrara explícitamente en las implicaciones tanto favorables como desfavorables, que sobre la libertad tienen las decisiones de política pública implícitas en la manera en que nuestros políticos profesionales están distribuyendo los escasos recursos que disponemos como sociedad y se dejaran de cuestionar los valores que cada persona o familia jalisciense es libre de profesar a sabiendas de que, como todo en la vida, los extremos siempre tendrán su riesgo: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

roberto.arias@coljal.edu.mx