¿Es posible una cultura democrática sin partidos?

El pasado jueves acudí a la Mesa Inicial de Diálogo de la Junta Distrital número seis, a la que fuimos convocados por parte del Instituto Nacional Electoral en el marco de Estrategia Nacional de Cultura Cívica 2017-2023 (Enccívica), la cual elevó el ejercicio de diálogo precisamente al rango de eje estratégico, cuyo objetivo es “construir puentes de entendimiento entre actores sociales y políticos a partir de la identificación de agendas comunes, análisis de plataformas electorales de los partidos, incorporación de nuevos temas comunes a la agenda pública y política del país, construcción de identidades partidarias y formación de capital social positivo” (2017:60).

No obstante que, entre los resultados esperados del referido eje estratégico de Diálogo, sobresale el que “la ciudadanía incrementa su confianza en los partidos políticos”; lo cierto es que los representantes de casi todos los partidos políticos –a excepción del Verde Ecologista de México y Nueva Alianza– precisamente fueron los que brillaron por su ausencia en el encuentro inicial para dialogar sobre el problema de nuestra débil cultura democrática.

Tales ausencias, no sólo vinieron a confirmar la relevancia de la escasa credibilidad y aprobación social de los partidos políticos, como uno de los diez componentes estratégicos que conforman el diagnóstico acerca del problema de la debilidad de la cultura democrática en nuestro país; sino además, me parece que fueron determinantes en el ánimo del resto de los representantes que acudimos a la sesión, como parte de la sociedad civil organizada, estudiantes, académicos y del gobierno; quienes durante la última ronda del diálogo, decidieron votar a favor de otros componentes clave de la Eccívica tales como la gobernanza y construcción de redes; o bien, la participación ciudadana como empoderamiento ciudadano; dejando de lado el binomio partidos políticos-gobierno que, al menos desde mi particular punto de vista, constituye el elemento más relevante del problema público que nos ocupa.

Tal resultado evidencia una voluntad cívica –expresada a través de los presentes– por tomar en nuestras manos el desafío de mejorar la calidad de nuestra democracia sin esperar demasiado de los partidos políticos que, al menos por definición constitucional, no habría que olvidar que existen precisamente para “promover la participación política del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público” (fracción I del artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos).

roberto.arias@coljal.edu.mx