¿Qué se le cuestiona al POTmet? (Tercera parte)

En esta entrega que pretende ser la última de la serie –por ahora– intentaré sintetizar mi posición sobre el asunto del Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POTmet), y la oleada mediática de las últimas semanas.

Apenas la semana pasada apunté, en este mismo espacio, mi visión acerca de la naturaleza política de la planeación, la cual nos obliga asumir de entrada que la planeación es, ante todo, un proceso de comunicación y persuasión entre los diversos actores involucrados: lo mismo ciudadanos interesados y activistas que investigadores y servidores públicos de las dependencias competentes en los tres órdenes de gobierno.

Esta visión política del proceso de planeación es ratificada tanto por el sentido de la amable respuesta del director general del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan), cuando señala que “el POTmet se basa en la aplicación de varios criterios, que deben ser satisfechos a cabalidad. Primero, el respeto irrestricto a las normas de conservación ambiental aplicables; segundo, la necesidad de contar con la infraestructura necesaria para los desarrollos solicitados; y tercero, la limitación de las acciones de desarrollo y edificaciones a los contextos inmediatos, mediante las zonas de crecimiento ordenado, que aseguran la conformación de comunidades sustentables en un modelo de ciudad cercana, compacta, conectada, y equitativa en cada una de las 75 centralidades reconocidas en el modelo estructural de la ciudad policéntrica que impulsa –desde el POTmet- nuestra AMG.” Así como también por esa oleada de reacciones, unas informadas y otras no tanto, en torno a las insuficiencias del novel instrumento de planeación y que, más allá de la “intencionalidad” de quienes han hecho señalamientos, resulta por demás evidente que su lectura no toma en consideración que el POTmet es apenas una de las piezas que habrán de conformar ese complejo entramado de instrumentos de planeación que aspiran convertirse en un Sistema.

Está por demás claro que las instancias metropolitanas, la política, administrativa y ciudadana, les urge repensarse y desdoblarse en tantos grupos de tarea y equipos de trabajo resulten necesarios para comunicar, convencer y armonizar los legítimos y plurales intereses que conviven en nuestra metrópoli, desde el momento mismo en que se formulan los instrumentos de planeación y no esperarse a presentarlos y socializarlos como trabajos terminados. En otras palabras, el proceso de planeación metropolitana exige de una rigurosa programación de múltiples sesiones de trabajo abiertas, con fechas previamente acordadas para la entrega de resultados ante las autoridades competentes. 

roberto.arias@coljal.edu.mx