Una auténtica fiesta cívica

Dado que, al igual que una buena cantidad de ciudadanos, también a mí me correspondió, conforme a los procedimientos conocidos, ser funcionario de casilla este pasado domingo. En esta ocasión decidí compartir un poco de mi alegría y satisfacción con mis probables lectores y hablar sobre lo que me tocó observar durante el tiempo de mi responsabilidad cívica.

Debo decir que mis opiniones van más allá de las tendencias de votación que comenzamos a conocer y mucho menos tienen que ver con los resultados electorales. Confío en que los ciudadanos tendremos mayor claridad sobre este asunto al momento de que sean publicadas. Me interesa más bien destacar las cualidades del ejemplar comportamiento ciudadano durante la jornada electoral. Comienzo por reconocer a quienes, a pesar de vivir algún tipo de discapacidad, decidieron ejercer su derecho individual y contribuir así, con su responsabilidad para con todos nosotros y su país.

Mis expectativas sobre la participación electoral fueron gratamente rebasadas, pues definitivamente la gente salió a votar: tanto en mi casilla como en las contiguas alrededor del 55 al 60 por ciento de los ciudadanos empadronados pudieron ejercer su voto con total libertad, en paz y tranquilidad. Otros tantos, pertenecientes a otra sección, llegaron a preguntar si podían ejercerlo ahí: por supuesto que se les orientó en la medida de nuestras posibilidades.

Del rico anecdotario personal con el que me quedo después de esta extraordinaria experiencia, por razones de espacio les comparto un par de botones: el primero es el caso de dos jóvenes que acudieron a ejercer por primera vez su derecho y lamentablemente creyendo que se encontraban en otro distrito y, dicho sea de paso, no leer detenidamente todas las opciones que la boleta les presentó, se fueron muy frustradas porque querían modificar su voto una vez ejercido. El segundo estuvo a cargo de tres niños, quienes felizmente montados en sus respectivos patines, llegaron a preguntar por las casillas especiales para la votación infantil.

Aunque las limitaciones logísticas que, como es usual también se presentaron en esta ocasión, fueron debidamente cubiertas y subsanadas por el invaluable compromiso cívico de los ciudadanos que ahí estuvimos presentes, tanto como funcionarios como miembros de la militancia de algunos partidos, me permito hacer dos humildes y respetuosas observaciones a las autoridades electorales: ni la media hora establecida para la instalación de la casilla es suficiente ni mucho menos es viable el conteo simultáneo de elecciones federales y locales como lo sugiere el folleto: ¡Todos los presentes no quieren perderse detalle de este momento culmen!


roberto.arias@coljal.edu.mx