Violencias en tiempos de bienestar

Durante mi estancia en la ciudad de Quito, Ecuador, tuve oportunidad de presenciar un singular acto de protesta frente al monumento dedicado a Bolívar. Ahí parado, frente a una placa donde puede leerse el Credo sobre la Libertad madre de América, un joven con mochila, aparentemente concentrado en la lectura de aquel Credo bolivariano, de manera intempestiva sacó una lap top de su mochila y la arrojó al suelo, donde se hizo añicos, para luego retirarse del lugar.

Nunca sabré el motivo que llevó a este joven a manifestar tan peculiar acto de protesta, aunque intuyo que a ese joven no le significa nada, en lo personal, ese discurso sostenido hoy en el Ecuador, que insiste en la idea de una revolución ciudadana que conduzca a los ecuatorianos hacia un estado de bienestar.

Lo que está sucediendo en el Ecuador no está muy alejado de lo que estamos viviendo en esta realidad que nos resulta más próxima. En el transcurso de la semana pasada presenciamos los más diversos actos de violencia, desde el asesinato del presidente del Banco de Alimentos del gobierno del estado de Jalisco (MILENIO JALISCO, 19 de enero), pasando por otro tanto de actos de violencia diversos en los que cinco hombres perdieron la vida (MILENIO JALISCO, 22 de enero).

De entre todos los probables actos de violencia que pudiéramos imaginarnos, tal vez los que son cometidos contra sí mismos son, por mucho, los más preocupantes y los que deberían alertarnos sobre las múltiples implicaciones psicológicas e individuales que están teniendo esas prácticas predominantes en nuestra sociedad, en aras de una pretendida búsqueda del bienestar económico individual.

Entre las lamentables pérdidas de vidas ocurridas durante la semana pasada, al menos dos pueden encuadrarse como suicidios, cuya particularidad fue que ambos fueron cometidos en sendos lugares públicos: el primer caso que no fue consignado por medios locales, fue el suicidio de un joven, quien se disparó un tiro en la cabeza, cuando se encontraba en el interior de la Catedral de Guadalajara (excelsior.com.mx, 19 de enero).  El segundo ocurrió en un centro comercial, donde un joven cayó del segundo piso y lesionó a otra persona que se encontraba comiendo en el primer piso (MILENIO JALISCO, 23 de enero).

Lo peor que podríamos hacer es permanecer indolentes frente a tal signo de descomposición social (23 suicidios en lo que va el año según las autoridades), e ilusoriamente encerrarnos en nuestras particulares áreas de confort, asumiendo erróneamente que los problemas que están sucediendo más allá de los muros de nuestros hogares, no nos afectan ni mucho menos deben implicarnos en la búsqueda de alternativas conjuntas.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx