Transporte público: de la incubación del problema a su solución

En la literatura especializada en política pública suele llamarse incubación de problemas públicos al proceso mediante el cual determinados asuntos de interés colectivo pierden prematuramente su visibilidad pública sin haber alcanzando una explícita definición tanto de sus causas como de las probables alternativas de acción para solucionarlo. Definir correctamente un problema público equivale, para decirlo junto con Merino, a trazarle un “mapa de ruta” (2010), que le permita no extraviarse entre el cúmulo de prioridades que suelen conformar las agendas pública y de gobierno y asegurar su tránsito a través del sinuoso proceso de formulación de una política que contribuya a darle solución al problema.

A primera vista pareciera que una extraña combinación de acontecimientos ocurridos durante los últimos días, desde la lamentable muerte de la estudiante María Fernanda y el resto de víctimas que resultaron gravemente lesionadas, otros accidentes viales más en los que se han visto involucradas unidades del transporte público, y hasta la realización de sendas marchas lo mismo por parte de estudiantes que de operarios del transporte público (MILENIO JALISCO, del 10 al 16 de marzo), repentinamente lograron sacar de su incubación el problema que ha supuesto, por más de 15 años, intentar la mejora de las condiciones de calidad en el servicio público de transporte que se ofrece en nuestra metrópoli.

Un análisis más detallado sobre este asunto nos permitiría advertir que, en este caso, la prolongada incubación del problema del servicio público de transporte obedeció a la falta de voluntad y pericia política por parte de las autoridades competentes, dejando pasar el tiempo y las oportunidades para definir el problema de una manera coherente que, a su vez, lo condujera al diseño de “un mapa ruta” convincente, para enfrentar exitosamente el “campo de batalla” (Merino, 2010), en el que literalmente se convierte la puesta en marcha de cualquier curso de acción que aspire a darle solución al problema previamente definido.

Ciertamente existen elementos novedosos en el escenario político actual, tales como una nueva legislación vigente en la materia, la propia sensibilidad social que, al menos hasta ahora, parece motivar las decisiones emergentes adoptadas por las autoridades competentes y hasta promesas arriesgadas de pronta solución al problema específico de la seguridad. Sin embargo, en el ánimo del ciudadano común, marcado fuertemente por el escepticismo, no deja de pesar la duda sobre la probabilidad de que este añejo problema ahora sí logre evolucionar de su incubación hacia una ruta de solución definitiva.

Académico de El Colegio de Jalisco

roberto.arias@coljal.edu.mx