Revalorar los intangibles de la convivencia urbana

El altísimo costo de la calidad del transporte público expresado a través de la pérdida irreparable del valor de la vida humana ha contribuido a que la opinión pública repare sobre otra histórica deuda social que más nos valdría no volver a perder de vista: las cuestionables condiciones laborales que, por décadas, han atentado en contra de la dignidad humana de los choferes del transporte público (MILENIO JALISCO, 20 de marzo).

No es casualidad que la centralidad que ha ocupado en el debate público la dignidad laboral que merecen los trabajadores del transporte público ocurra precisamente en un momento en el que nuestra sociedad parece dispuesta a tomar una mayor conciencia sobre los valores cívicos que aparentemente han dejado de conformar la convivencia cotidiana en nuestra ciudad, dejando el paso libre a recurrentes prácticas discriminatorias en diversos ámbitos de la sociedad jalisciense (MILENIO JALISCO, 17 de marzo).

Este redescubrimiento colectivo en torno a los valores intangibles que deberían conformar la vida comunitaria, puede explicarse como una reacción frente a la alarmante tendencia de deshumanización que lamentablemente se ha venido expresando en diversos círculos de la sociedad jalisciense, a través de los no pocos casos de violencia intrafamiliar y las cada vez más comunes condiciones familiares de abandono en las que viven por igual niños, jóvenes y adultos mayores.

Definitivamente prometedor sería que tales tendencias no hayan pasado desapercibidas en las reflexiones juveniles y quedaran plasmadas en la Declaratoria de Guadalajara por las Ciudades que resulte del Congreso Iberoamericano de Jóvenes Comprometidos con las Ciudades que fue recientemente inaugurado en nuestra ciudad (MILENIO JALISCO, 20 de marzo), aunque lo deseable y urgente sería que no pasaran desapercibidas para quienes hoy ocupan algún cargo de responsabilidad pública y, al menos presumiblemente, se están ocupando de revisar cómo mejorar lo que no está funcionando adecuadamente al interior de las instituciones públicas.

Sería un equívoco histórico y una miopía monumental como sociedad, el dejar de lado la discusión de las implicaciones sobre la dimensión ética y de formación cívica que definitivamente tienen los procesos de reformulación del nuevo rostro institucional que se vienen dando en nuestra metrópoli. La calidad de vida de los habitantes de esta ciudad está estrechamente ligada a la calidad de la gobernanza que logremos construir en los años por venir. Y para construirla, las tres piezas clave que se necesitan son autoridades honestas, empresarios socialmente responsables y ciudadanos comprometidos e incluyentes.

Académico de El Colegio de Jalisco

roberto.arias@coljal.edu.mx