Respuesta a Jaime Barrera

La pregunta que lanzó en días pasados mi estimado amigo y director editorial Jaime Barrera Rodríguez (MILENIO JALISCO, Radar, 20 de febrero), bien merece una respuesta directa y así se la ofrezco: yo también levanto la mano. Lo hago con la misma convicción con la que defiendo el legítimo derecho de mi amigo y ex compañero comisionado Alberto Orozco Ochoa de aspirar a convertirse en el primer director general del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan).

Esa misma convicción es la que ahora me mueve a invitar a mis probables lectores, a dejar de lado posiciones irreductibles que sólo buscan polemizar para abrir paso a la serena reflexión sobre la trascendencia del paso que decidieron dar ocho presidentes municipales y el gobierno del Estado de Jalisco, con la aprobación del estatuto orgánico que define las reglas que darán operatividad, no sólo al Imeplan, sino a las tres instancias de coordinación para el área metropolitana de Guadalajara (MILENIO JALISCO, 19 de febrero).

El único recurso que tengo a la mano para mostrar la autenticidad de mi personalísima convicción es dejando de lado mi propia aspiración. Convencido estoy que ninguno de los profesionales que tuvimos la honrosa oportunidad de integrar la transitoria Comisión para la Coordinación Metropolitana somos imprescindibles en la nueva etapa que apenas habrá de iniciarse. Por ello, me parece una franca necedad detenerme en argumentar a mi favor a partir de mis credenciales personales, profesionales y académicas que son públicas.

Más provecho encuentro en opinar sobre la noticia que nos ocupa. Ciertamente hay limitantes en el diseño del estatuto orgánico aprobado y algunas de ellas obedecen a restricciones constitucionales tan añejas como la prohibición de autoridad intermedia entre el Estado y los municipios. Por ello, me parece muy grave que la sensibilidad política de la postura del doctor Héctor Robles Peiro se haya malinterpretado contraria a la legítima facultad de nombramiento de quienes integran la Junta de Coordinación Metropolitana, pero más grave aún me parecería limitarla a la búsqueda de perfiles “técnicos”.

Coincidiendo con la tesis de Jaime Barrera sobre las cuatro esferas que le esperan al futuro director del Imeplan (MILENIO JALISCO, Radar, 21 de febrero), definitivamente, quien sea designado deberá mostrar sus buenos oficios para construir puentes de diálogo y entendimiento (que no de acero o concreto). Oficios que exigen una buena dosis de Política con P mayúscula. Por ello, más les valdría encontrar personas con vocación de servicio y capacidad directiva, que buscar esos perfiles “técnicos” bajo los cuales suelen ocultarse ególatras personalidades. 

roberto.arias@coljal.edu.mx

Académico de El Colegio de Jalisco