Repensar diferente la institución municipal

La sugerente pregunta lanzada por mi estimado amigo Gabriel Torres Espinoza acerca de la cantidad de municipios de Jalisco me permite abundar a la reflexión sobre uno de esos asuntos importantes que suelen dejarse de lado por el alud de urgencias que ocupan la atención de nuestros políticos profesionales.

Comienzo por asentar mi coincidencia en la necesidad de reformar la institución municipal tal y como se entiende hoy en día, aunque me parece que habría que darle otra pensada a esa hipótesis que sugiere que el fortalecimiento municipal pasa necesariamente por su reducción numérica. Tal parece que ese afán por recurrir a los números para dotar de significado a una realidad determinada, nuevamente nos hace perder de vista cualidades importantes para llegar a comprenderla. Así, a partir de observar la correlación existente entre las cifras del Índice de Desarrollo Humano 2015, el número de municipios por estado y el porcentaje de población estatal que se concentra en zonas metropolitanas, se pretende inducir la idea de que la pulverización de burocracia municipal es la causa de la pobreza, por la distracción de recursos en cargos públicos que no son necesarios y que bien podrían ser aprovechados para aumentar el desarrollo humano de esas entidades.

La secuencia de la relación causa-efecto es más laboriosa de lo sugerido aquí. Me parece que tendríamos que pensar dos veces esta inferencia por el simple hecho de que una correlación no necesariamente nos habla de causalidad. En el caso de los municipios, es preciso tener en cuenta que mientras las causas que han determinado su número en una entidad federativa dada son de orden histórico y obedecen a una lógica eminentemente política, las causas que llevan a la población a migrar a una metrópoli son más bien de orden económico por las mayores oportunidades que suponen las economías de escala por efecto de la aglomeración geográfica y, por lo general, son inversamente proporcionales a las condiciones de representación política.

Recurriendo a otras fuentes, se ha llegado a establecer que “hace falta tener la sensación de que controlas algo en tu vida para ser feliz. Si no, no puedes ser feliz” (Punset, 2011:290). Este simple hecho ofrece luz para repensar la reforma del municipio, toda vez que permite introducir una sutil distinción entre sus dos funciones esenciales: como entidad prestadora de servicios y como órgano de representación política y diferenciar entre el criterio de economías de escala por la vía de integración regional que debe regir en la primera y el criterio de máxima representación política para reconfigurar la descentralización del poder en la segunda.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx