Perdón Presidencial

Por inusual, la manifestación de perdón realizada por Enrique Peña Nieto sólo podía provocar tan inusitadas como diversas reacciones entre la opinión pública. Por supuesto que tienen razón quienes opinan que hay una intención política detrás de la decisión de pedir perdón como también quienes expresan que fue innecesaria y la califican como uno más de los yerros de Peña Nieto, que mantienen a la institución presidencial muy por debajo del umbral de la aceptación social.

Sin demérito de quienes opinan diferente, personalmente valoro y aprecio la valentía personal del mandatario por emprender una tarea muy difícil en tiempos de redes sociales, como lo es tratar de separar los errores derivados de las debilidades propias de su condición humana, de la fortaleza inherente a la institución presidencial que posibilitó la entrada en vigor del novel marco jurídico que le dará sustento al Sistema Nacional Anticorrupción.

Por supuesto que la efectividad política de tal estrategia que busca separar a la persona de la institución presidencial, se encuentra estrechamente vinculada a las consecuentes acciones que deberán proseguir al discurso presidencial, y que pasan no únicamente por el aseguramiento de las condiciones iniciales para poner en marcha a las instituciones anticorrupción, sino además del explícito deslinde de responsabilidades y sanciones que derive del cumplimiento de los objetivos del Sistema Nacional Anticorrupción.

En la arena estrictamente electoral, la inusitada declaración presidencial habrá que apreciarla como una pieza más de la indispensable corrección que debió operarse al interior del Partido Revolucionario Institucional (PRI), frente a los magros resultados electorales obtenidos este año, y que arrojó la estrategia plateada por su dirigente nacional, Manlio Fabio Beltrones, bajo aquella divisa de dejar atrás la “sana distancia” entre el gobierno federal y el PRI. Una declaración que probablemente fue muy bien recibida entre la clase dirigente del PRI, y tal vez sería apreciada como políticamente correcta en otros tiempos; sin embargo, en el contexto político actual, marcado por una mayor competencia político-electoral efectiva, mucho me temo que quizás resultó más dañina que los esfuerzos mediáticos emprendidos durante la campaña electoral de 2012 por el Partido Acción Nacional (PAN), partido entonces en el gobierno federal, y particularmente de su excandidata a la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota, que a toda costa buscaron difundir entre el electorado la idea de que un voto a favor del PRI significaba un retroceso y un retorno hacia un pasado autoritario que nadie, incluidos los propios priistas, deseaba.

roberto.arias@coljal.edu.mx