México rumbo a la Asamblea sobre Drogas

Con la confirmada participación del presidente Enrique Peña Nieto a la sesión especial de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas sobre las drogas que se celebra el día de hoy (MILENIO JALISCO, 16 de abril), en nuestro país se perfila un significativo cambio de orientación de la política que ha prevalecido en la materia desde al menos hace 20 años y se vio recrudecida durante la última década.

Aunque aún no conozcamos el sentido y profundidad de dicho cambio, que quizás hoy mismo se dé a conocer con las decisiones derivadas de los foros de debate nacional sobre el uso de la mariguana; por los pronunciamientos anticipados del representante de la oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en México, Antonio Mazziteli, la orientación que asumió una guerra frontal contra las drogas y que se alentó en México durante años, será sustituida y enriquecida “con elementos que hasta ahora no han sido considerados en la aplicación de políticas que lleguen a ser verdaderamente integrales y equilibradas […] y la importancia de colocar en el centro del quehacer de los gobiernos y la comunidad internacional a los individuos, a los seres humanos y no a las sustancias” (MILENIO JALISCO, 29 de marzo), que supondría alentar, entre otras medidas, la despenalización del uso y consumo de la mariguana en el país, una alternativa que apoyó abiertamente el gobernador del Estado de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, bajo el argumento de que las actividades de producción, venta y distribución de la mariguana serán mejores si se rigen por las leyes del Estado, con la ventaja de la recaudación de recursos económicos que derivarían de su fiscalización, y que podrían ser canalizadas hacia la atención física, mental y emocional de quien lo necesite, así como la prevención y la educación (MILENIO JALISCO, 16 de marzo).

En este contexto, resulta muy pertinente la reciente exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la alegría del amor, no sólo para comprender las limitantes de esa actitud prevaleciente en regiones y países que pretende resolver todo a través de la aplicación de normas generales; sino además, para no perder de vista esa irrenunciable obligación que tenemos los padres de familia para acompañar a nuestros hijos y encontremos luz sobre nuestra vocación para que no se vuelva desordenada obsesión, manteniéndonos atentos a orientar y prevenir a nuestros hijos adolescentes para que sepan enfrentar situaciones que puedan derivar en un riesgo como la drogadicción, sin olvidar lo importante: con mucho amor, aprendan a madurar en su libertad, su crecimiento integral y cultiven una auténtica autonomía.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx