Infraestructura y sociedad: entre lo deseable y lo posible

Con decisiones tomadas por parte de las respectivas autoridades competentes, los asuntos públicos de naturaleza transterritorial por excelencia como lo son la movilidad y el agua, parecen consolidarse como los dos temas cruciales en los que veremos las primeras experiencias locales de gobernanza. Esta evolución sin embargo, no está exenta de dificultades y amenazas.

Gracias al debate convocado por esta casa editorial (MILENIO JALISCO, 16, 17 y 18 de septiembre), tuvimos oportunidad de actualizar y dimensionar el tamaño de los desafíos para avanzar hacia una auténtica gobernanza de los recursos hídricos en Jalisco. Quizás el mayor aprendizaje que podemos extraer de este ejercicio viene en clave de temporalidad: resistir a la tentación de volver la mirada hacia el pasado donde están las conocidas respuestas que no conducen a ninguna parte, como las posturas legalistas irreductibles, las acusaciones políticas oportunistas y las mutuas acusaciones entre quienes están a favor y en contra de decisiones ya adoptadas, y esforzarnos por mantener la mirada hacia delante, donde están las decisiones que es necesario tomar para asegurarnos los escenarios deseables para todos los que aquí vivimos. De otras iniciativas como ¡Sumérgete! o el primer diálogo “Agua para Hoy y Mañana: una Agenda Ciudadana” podemos y debemos alimentar la esperanza de que finalmente aprenderemos esta lección colectiva en torno a la corresponsabilidad de la gestión del agua.

Si se me permite extrapolar este aprendizaje al ámbito de la movilidad urbana, ciertamente respuestas como las ofrecidas por el secretario de Movilidad durante el foro “El Tren que queremos ¿hacia dónde va la Línea Tres?” (MILENIO JALISCO, 21 de septiembre), nos vuelven a meter a los típicos callejones sin salida que sólo buscan ganar tiempo, hasta el momento en que la construcción de la infraestructura elevada del tren se encargue de hacernos evidente la no marcha atrás de la decisión tomada. Para luego recetar la típica respuesta burocrática: eso se debió debatir antes de construir la infraestructura (José Elías Chedid dixit).

No tengo certeza del tiempo en que aprenderemos a debatir con seriedad los asuntos públicos de la ciudad, lo que sí me queda muy claro es que una condición indispensable para que ello ocurra, es que nuestros políticos profesionales separen de los análisis de costo-beneficio de la infraestructura pública de la metrópoli, el cálculo político que suele distorsionar las proyecciones técnicas y las alternativas deseables, por esa manía centrada en los rendimientos electorales de corto plazo a la que suelen supeditar cualquier decisión pública.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx