Hambre de credibilidad

La decisión de hacer de junio el mes de la Cruzada Nacional contra el Hambre revela el insuficiente desempeño mostrado por las distintas dependencias públicas involucradas en dicha iniciativa presidencial, para alimentar el hambre de credibilidad de nuestros políticos profesionales, quienes se afanan por acreditar resultados tangibles a favor de quienes padecen la más cruel de las pobrezas: la pobreza alimentaria.

Está visto que se requerirá de algo más que la voluntad política del presidente Enrique Peña Nieto, para quien resulta “inadmisible que […] un país que se quiere proyectar al mundo por su modernidad, su condición de fortaleza y su desarrollo económico, […] tenga a siete millones de mexicanos en condición de pobreza y sin alimentación” (MILENIO JALISCO, 3 de junio). Definitivamente el caso de Jalisco vino a demostrar que ese algo más que se requiere tiene que ver muy poco o casi nada con los empeños gubernamentales por comunicar los supuestos logros y las nuevas coberturas en la materia: los escasos márgenes de credibilidad que pudieron haber tenido anuncios tales como el que 52 por ciento  de los 133 mil 632 personas que padecían hambre “comen mejor” (MILENIO JALISCO, 3 de junio); simplemente se vieron reducidos frente a la evidencia revelada por los datos de la tercera encuesta de percepción ciudadana sobre calidad de vida realizada por el Observatorio Ciudadano Jalisco Cómo Vamos que estimó en un 37 por ciento el número de jaliscienses que percibieron algún nivel de inseguridad alimentaria (MILENIO JALISCO, 4 de junio).

Haciendo a un lado esa otra distracción en que se ha convertido la manera de vestir de la hermosa delegada de la Secretaría de Desarrollo Social en Jalisco, Gloria Judith Rojas Maldonado, quien merece todo mi respeto y admiración; la lección más importante que podremos extraer de la experiencia del mes de la Cruzada Nacional en contra del Hambre, radica en dimensionar la magnitud creciente de la brecha que parece existir entre las intenciones, discursos y cifras oficiales y la percepción generalizada de la población.

Cuanto más pronto reconozcan los gobiernos ese problema endémico de escasa credibilidad que padecen, más pronto tomarán las medidas correctivas que ciertamente van más allá de trivialidades y estrategias de comunicación. Contrario a esa cortedad de miras que evidenció en su momento el ex presidente Vicente Fox con aquella frase de triste memoria, “gobernar es comunicar”; el hambre de credibilidad que padece hoy la clase política en todos sus niveles va dejando en claro una verdad incuestionable: gobernar es algo mucho más profundo que la habilidad de comunicar: servicio.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx