Gobierno y calidad de vida en Jalisco

De acuerdo con los resultados de la encuesta 2013 realizada por el Observatorio Ciudadano Jalisco Cómo Vamos, quienes vivimos en el área metropolitana de Guadalajara estamos cerrando este año con una percepción de nuestra calidad de vida relativamente mejor respecto de la que tuvimos el año pasado, aunque ciertamente la calificamos por debajo de como la percibimos en el año 2011.

Algunos de los motivos de la limitada mejoría que revela esta calificación ciudadana pueden encontrarse en las tendencias encontradas que encontramos respecto de la variación entre 2011 y 2013 que se aprecia en cada uno de los municipios que conforman el área metropolitana de Guadalajara: mientras que un número mayor de ciudadanos de Tlajomulco de Zúñiga y Tlaquepaque parecen estar más satisfechos hoy que en 2011 respecto a su percepción del rumbo que lleva su colonia, en el caso de Guadalajara y el Salto ese número más bien decrece, en tanto que para los ciudadanos de Tonalá y Zapopan parece ratificarse la tendencia del conjunto metropolitano, es decir, mejoramos respecto al año pasado pero aún nos ubicamos por debajo de 2011.

Sin dejar de reconocer los diversos factores que influyen en la percepción social acerca de la calidad de vida, para el caso de Jalisco ciertamente el desempeño de los gobiernos municipales y del Estado adquiere un peso específico importante: por ejemplo, las 963,732 personas que fueron víctimas de algún delito durante los últimos doce meses, en su gran mayoría víctimas de robo, seguramente estarían de acuerdo en señalar que ese robo no hubiese ocurrido si no fuera por el cúmulo de rezagos en materia de seguridad pública que ha sido reconocido por la propia autoridad (MILENIO JALISCO, 25 de noviembre).

Esta estrecha correlación entre el desempeño gubernamental y la calidad de vida también podría explicarse en sentido contrario: los bajos niveles de aprobación alcanzados prácticamente por todos los presidentes municipales del área metropolitana de Guadalajara y del propio gobernador del estado, podrían estarse explicando en buena medida por la grave corrupción que parece no tener fin entre las autoridades públicas de Jalisco (MILENIO JALISCO, 26 de noviembre).

Por estas razones es que el hecho de que nuestros legisladores locales atiendan, con la debida diligencia y prontitud, a la exigencia ciudadana para que el auditor Alonso Godoy Pelayo efectivamente rinda cuentas claras ante la Soberanía popular y se rompa definitivamente con el círculo perverso de complicidades que impera en el Congreso, constituye una cuestión que repercute, ni más ni menos, que en la calidad de vida de todos los jaliscienses. Más claro ni el agua.

Académico de El Colegio de Jalisco