Finanzas públicas y campañas políticas

En el actual contexto de austeridad por el que atraviesan las finanzas públicas del país, cuyo efecto más inmediato lo constituye el recorte al gasto público federal recientemente anunciado, por 124 mil 300 millones de pesos y que representa el 0.7 por ciento del Producto Interno Bruto (mismo que, dicho sea de paso, se antoja corto frente a la pérdida de ingresos que pueden derivarse del adverso entorno económico que se está viviendo actualmente), así como las diversas medidas de austeridad que se han realizado en el gobierno del estado de Jalisco o que se pretenden realizar en el Congreso de la Unión; por lo menos es de llamar la atención la autorización que realizó, en enero pasado, el Instituto Nacional Electoral para que los partidos políticos puedan destinar a sus actividades ordinarias y los gastos de campaña una cantidad de recursos que asciende, de manera global, a los 5 mil 300 millones de pesos (MILENIO JALISCO, 2 de febrero).

De entre las no pocas voces de inconformidad que se han dejado escuchar por la relativa “manga ancha” que las autoridades electorales han fijado al gasto de los partidos políticos, se encuentra la crítica realizada por la Arquidiócesis de México, que a través de un editorial publicado en su Semanario, la calificó como “escandaloso financiamiento” (MILENIO JALISCO, 2 de febrero). Lo más paradójico sin embargo, radica en el hecho de que fuera el dirigente nacional del Partido Acción Nacional, Gustavo Madero, quien reaccionara a esta crítica con una declaración que reivindica tajantemente la separación entre el ámbito espiritual propio de la Iglesia y el mundo político (MILENIO JALISCO, 3 de febrero).

Sobre este asunto, el texto introductorio de su reflexión acerca de “lo espiritual en política”, Paul Valadier nos recuerda que en la obra de Hannah Arendt, la filósofa americana de origen alemán “no ha dejado de  lamentar la minimización totalmente moderna de la vita contemplativa ligada a la extrema valorización de la vita activa [y] muestra de hecho, que este desequilibrio no sirve para dar a ésta toda su vitalidad y pertinencia […] Una de sus más grandes obras, The Human Condition, demuestra con implacable rigor que la vita activa, sin referencia a la vita contemplativa, se destruye ella misma; así se llega a que la acción política en particular, sea mal conocida en su fragilidad, confundida a partir de entonces como la fabricación de objetos” (2009:12-13).

Quizás estas reflexiones resulten poco comprendidas por Madero, así que bastaría con recordarle las palabras de Péguy citadas por Valadier: “La política se burla de la mística, pero es todavía la mística la que alimenta la política” (2009:14).

roberto.arias@coljal.edu.mx