Érase una vez… un Federalismo

Cuenta el historiador Jaime Olveda que, a diferencia de otras regiones que fueron sometidas por los soldados de Cortés y que, por este hecho, quedaron, unas más que otras, irremediablemente ligadas política y económicamente a la capital, “en el caso de la Nueva Galicia, su conquistador, Nuño de Beltrán de Guzmán, desde antes de emprender su campaña militar hacia Occidente a finales de 1529 y a consecuencia de las fricciones que tuvo con Hernán Cortés, se propuso formar un reino separado y distinto del que había conquistado su adversario” (2014:11).

486 años después, ciertamente muy alejados de aquellas pretensiones independentistas pero cobijados por esa relativa autonomía que nos brindó una fórmula federalista que, aunque maltrecha y desdibujada con el transcurrir del tiempo, terminó por unirnos definitivamente como Nación mexicana, nos encontramos con unas ensimismadas autoridades, tanto federales como locales, que se vieron recientemente enfrascadas entre unos dimes y diretes que para lo único que sirvieron fue evidenciar una franca impotencia para contener los actos violentos provocados por los grupos de la delincuencia organizada.

Las evidentes limitaciones de la estrategia nacional de seguridad promovida en el marco del llamado Sistema Nacional de Seguridad, empeñosamente centrada en la coordinación entre los distintos cuerpos de seguridad y que hoy aparece más como un mito que una realidad, apenas constituyen una pequeña muestra de las múltiples asignaturas pendientes que nos han quedado a deber los políticos profesionales en su ineludible responsabilidad por propiciar y conducir ese fructífero debate público, tan indispensable hoy como ayer, para poner al día a nuestras instituciones fundamentales.

Afortunadamente en tanto nuestras autoridades continuaron enfrascadas en ese soliloquio del cual derivaría el publicitado “Operativo Jalisco”, un grupo importante de jaliscienses decidieron salir a las calles para marchar y con su silencio comunicarle a las autoridades su convicción para no dejarse robar la paz que, día con día, muchos más nos empeñamos en propiciar como principio y cimiento de la prosperidad que nos merecemos como jaliscienses y mexicanos.

Bien harían quienes ahora andan en pos de un escaño, tanto en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión como en el Congreso del Estado, para hablar menos y escuchar más ese otro mensaje enviado el sábado pasado por parte de esa sociedad que hoy se siente lastimada y agraviada por la violencia, para que asuman compromisos muy concretos en la labor legislativa que resulta indispensable realizar para revitalizar instituciones fundamentales como lo es nuestro federalismo.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx