Ecos de los debates: ¿ciudadanos vs políticos?

En lo que puede interpretarse como un esfuerzo institucional por devolverle al proceso político-electoral en marcha, el espacio que le fue arrebatado entre la opinión pública por los acontecimientos violentos ocurridos el primero de mayo en Jalisco y que derivaron en el anuncio y puesta en marcha del Operativo Jalisco de seguridad, los dos debates organizados por la autoridad electoral entre los candidatos a las presidencias municipales de Zapopan y Guadalajara que se llevaron a cabo al inicio de la semana pasada, para lo único que sirvieron fue para confirmarle a los potenciales votantes que, una vez más, nos aproximamos a un escenario electoral marcado por la polarización entre dos opciones, con la probable participación, más bien modesta, por parte de una tercera fuerza política, pero no más.

Lo que también dejó en claro la realización de ambos debates, fue que los candidatos enarbolados por los partidos tradicionalmente minoritarios o de reciente registro, no constituyen realmente una alternativa política seria y efectiva frente a los políticos profesionales postulados por los partidos tradicionales. Tal vez entre los escasos saldos favorables que arrojó el ejercicio televisivo, es que permitió lanzar por tierra esa diferenciación discursiva, tan socorrida como improductiva, entre el ámbito de lo ciudadano y el ámbito de lo político, en esa manera simplista de reducir la compleja realidad política a una lucha entre “buenos” y “malos”.

Lo que suelen olvidar quienes recurren a esa estrategia de diferenciación discursiva, es que la noción de ciudadanía tiene una connotación eminentemente política no sólo por su relación con la administración pública, sino por la capacidad de control que el ciudadano mantiene sobre su desempeño (Sancho, 1999).

Por otra parte, la mejor constatación de que el próximo 7 de junio, los jaliscienses estaremos viviendo uno de los escenarios político-electorales más polarizados de la historia –que no necesariamente quiere decir más concurridos-, lo constituyen los primeros indicios de la llamada “guerra sucia” desatada por los distintos equipos de estrategas, ya sea de candidatos punteros o retadores según sea el caso, y lamentablemente todo pinta para que ese sea el tono que predominará en lo que resta de las campañas políticas.

De confirmarse este escenario, nuevamente la propuesta y la oferta programática de los futuros gobernantes habrá pasado a un segundo o tercer nivel de atención entre los potenciales electores y, en consecuencia, es altísima la probabilidad de que el escepticismo y abstencionismo hagan su triunfante aparición durante la ya próxima jornada electoral. Al tiempo.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx