Cuidemos El Colegio de Jalisco

Lo más probable es que usted, amable lector, ni siquiera esté enterado de los vientos de cambio que soplan en la institución donde me desempeño como profesor investigador. Lo que me motiva a compartirlo ahora, obedece a una personalísima preocupación por los fuertes ventarrones que, desafortunadamente, han soplado durante las últimas semanas en torno a la ya próxima renovación de la Presidencia de El Colegio de Jalisco.

Durante la sesión de la Junta de Gobierno celebrada en días pasados se decidió por unanimidad presentar una única opción en lugar de una terna de posibles candidatos ante la Asamblea de Asociados. Tal estrategia pretendió asegurar la continuidad y disipar el disenso que eventualmente parece existir por el nombre de la persona que debe ocupar el cargo. Posteriormente se buscó respaldar esta estrategia a través de una iniciativa promovida por algunos colegas de buena voluntad, a través de la firma de una carta de apoyo que circuló entre todo el personal de la institución; sin embargo, esta iniciativa fue mal interpretada y duramente criticada por el eventual abuso de poder implícito en una solicitud de esta naturaleza, toda vez que ningún empleado dejaría de firmarla por temor a algún tipo de señalamiento o incluso, una eventual represalia laboral. Más allá de la probable indignación que pudiera haber ocasionado la iniciativa, lo cierto es que la airada reacción que se expresó a través de una carta anónima, a todas luces rebasó los sanos límites que impone el más elemental respeto a la dignidad humana que merece cualquier persona.

Quiero expresar mi convicción por el respeto que merece tanto El Colegio de Jalisco como todas las personas que, sin importar el cargo o la función que desempeñen, cotidianamente hacen su mejor esfuerzo por mantener a nuestra institución en los niveles de excelencia académica.

Sin demérito al aguerrido espíritu de nuestro ex presidente, el doctor José María Muriá, quien hizo posible que la institución literalmente renaciera de las cenizas provocadas por las explosiones del 22 de abril en Guadalajara, ni mucho menos al justo valor de la paciente y tenaz labor realizada por nuestro actual Presidente, el maestro José Luis Leal, a favor de la consolidación institucional y la ampliación de sus actuales instalaciones; francamente se cometería una grave injusticia si se pretendiera reducir a botín político el proceso de renovación, asumiendo de manera miope que el futuro institucional descansa en una persona en particular. Por todo ello, me declaro a favor de un proceso abierto y determinado a construir de manera colegiada una visión que ponga a la institución al servicio de los jaliscienses.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx