Comunicando esperanza en 2017


Vaya lío en el que se metió el secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuirbreña, con ese recurso retórico que empleó para asumir la nada sencilla tarea de comunicar el alza al precio de las gasolinas como la alternativa que resultó ser “no solamente la más responsable, sino la que nos permite cuidar de mejor manera el apoyo que estamos llevando a los que más lo necesitan sin recurrir a una práctica artificial que nos hubiera costado dinero, que hubiera sido seguramente más popular pero irresponsable e injusta con los que menos tienen” (MILENIO JALISCO, 30 de diciembre).

Comprendo el sentido de futuro que quiso imprimirle el señor secretario, con esa expresión de que “ganan nuestros hijos” con las medidas anunciadas; sin embargo, me parece que no termina de responder a todas las dudas que pesan en el ánimo de una generación de mexicanos que prácticamente desde que tiene uso de razón, ha venido escuchado hablar de la dichosa riqueza petrolera como algo parecido a esa promesa que nunca termina de llegar.

Cómo explicarles a los mexicanos de esta generación que, ahora sí, la riqueza petrolera no será desperdiciada, cuando se trata de una generación que ha sido testigo de una persistente corrupción que terminó por desvirtuar aquel sueño nacionalista que motivó la más extraordinaria solidaridad popular para garantizar la expropiación petrolera en 1938 y que ahora parece desdibujarse en los anales de nuestra memoria colectiva.

Cómo comunicar esperanza en 2017 entre una población que, apenas hace unas semanas, se vio severamente afectada por una presunta escasez de gasolinas y ahora viene a enterarse del monopolio que sigue ejerciendo el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana que encabeza Carlos Romero Deschamps sobre el transporte de combustibles (MILENIO JALISCO, 2 de enero).

Si los actuales gobernantes realmente aspiran a comunicar eficazmente esperanza en el futuro del país y comenzar a restituir esa, por demás, alicaída confianza ciudadana en nuestras instituciones públicas, deberían de utilizar menos la retórica y emplear más la voluntad para tomar las decisiones y llevar a cabo las acciones conducentes en contra de la impunidad y la corrupción prevalecientes a lo largo y ancho del territorio nacional.

Entre tanto ello ocurre, me parece que lo mejor que podemos decirles a nuestros hijos para fomentarles la esperanza en medio de un año tan complicado, es que su mayor ganancia no depende tanto del buen aprovechamiento que realicen los gobiernos de la riqueza petrolera más que del buen aprovechamiento que ellos realicen por tomar conciencia de las no pocas lecciones de la historia patria.

roberto.arias@coljal.edu.mx