Compasión frente a la desgracia ajena

Si bien es cierto que todos los días suceden infinidad de acontecimientos que representan una desgracia para muchos, al menos por dos lamentables acontecimientos podemos establecer que la desgracia marcó a la última semana de enero.

La semana inició con un inusual choque entre trenes de la línea uno del Tren Ligero, en su tramo de Atemajac y Periférico Norte, con un saldo de 30 heridos (MILENIO JALISCO, 27 de enero), y cerró con la explosión en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, ocasionada por una acumulación de gas, en un accidente que provocó daños en el 70 por ciento del hospital, dejó tres muertos y 72 lesionados (MILENIO JALISCO, 30 de enero).

Además de la proporción entre ambos lamentables acontecimientos, una enorme diferencia marcó a ambas desgracias: la sensibilidad de las autoridades frente ellas. En tanto que el accidente ocurrido en la Ciudad de México hizo que el jefe de Gobierno se trasladara al lugar de los hechos, y en una improvisada conferencia de prensa que realizó en un predio baldío aledaño a la zona del accidente, respondió a diversos cuestionamientos de los medios de comunicación (MILENIO JALISCO, 10 de enero), y por otra parte, además de la atención médica oportuna, algunos lesionados recibirían palabras de aliento por parte del presidente de la República; en el caso del inusual percance de trenes de la línea uno del Tren Ligero no ameritó que alguno de nuestros políticos profesionales, se trasladara al lugar de los hechos como tampoco se conoció de declaración pública alguna que lamentara el hecho.

Esta diferencia que pudiera resultar fútil y, muy probablemente, pasó inadvertida para muchos, ni más ni menos es la que nos grita en la cara el grado de insensibilidad social frente a la desgracia ajena que impera en nuestro medio, cuyo reflejo más elocuente lo encontramos entre quienes nos gobiernan. Parafraseando a Gerardo Paz, quien nos recuerda el valor de la compasión como principio fundamental de vida, es ser sensible a lo que les pasa a los demás, ponerse en el lugar del otro. Tener compasión es comprender, hacer propio el problema ajeno. La compasión suele enseñarnos a ser generosos, sencillos y solidarios, nos interpela para no quedarnos contemplando el sufrimiento ajeno; en una palabra, nos enseña a servir a los demás (2012:59).

Definitivamente toda una paradoja, resultan esos típicos comportamientos compulsivos que muestra todo aspirante algún cargo de elección popular, que los lleva a hacerse los aparecidos hasta en la sopa, cuando se compara con la grave insensibilidad que suelen mostrar esos mismos individuos frente a la desgracia ajena, una vez que alcanzan ese anhelado cargo.

 

roberto.arias@coljal.edu.mx