Artículo mortis

Lo votado ni quién lo quita

Parece que los indignados, los anulistas, los profetas del estallido social y los anarcos estuvieron muy ocupados actualizando sus redes sociales el día de las elecciones, porque el PRI se llevó el Legislativo como si jamás hubiera ocurrido lo de Iguala: tan poca mella hizo el grito de “¡Fue el Estado!” que el gobierno de Guerrero lo ganó un priista, terminando con dos sexenios de gobernadores perredistas, si así pudiéramos calificar a Zeferino Torreblanca, fiel aliado de su antecesor y protector tricolor, René Juárez, y al Señor del Charco.

El Verde redondea la cifra de los incondicionales al PRI a casi la mitad de los 500 escaños disponibles. No sorprende que hayan salido ayer a decir que siempre sí aplicarán las evaluaciones magisteriales; a falta de saber cuáles de las concesiones prometidas al calor de la incertidumbre preelectoral les van a hacer buenas —aparte de la impunidad cuando toman carreteras, destruyen sedes partidistas, queman material electoral, dejan Oaxaca sin combustible y ahorcan los aeropuertos—, la CNTE terminó perdiendo: no pudo impedir las elecciones y, al exhibirse contundentemente como grupo extorsionador, violento y antidemocrático, desperdició su capital político y el más considerable, dadas las circunstancias, de los padres de los 43 que, por razones ignotas más allá de su vocero cetegista sin literalmente vela en ese entierro, se convirtieron en su malhadada extensión. No sería descabellado ni necesariamente indeseable que le aplicaran la de Luz y Fuerza.

La fragmentación del ala izquierda del tricolor, llamada PRD, notable en el crecimiento de Morena y de Movimiento Ciudadano, hace evidente la imposibilidad de que estos que se dicen ideológicamente afines consoliden un proyecto de nación más allá de los pequeños intereses de sus líderes, unos más protagónicos y autoritarios que otros. Ni falta que les hace; saben que como nunca antes los que quedaron como partidos mayores, PRI y PAN, decidirán su permanencia y peso a través de alianzas estratégicas con esos que rondan el 10%: Morena, PRD, MC y el Verde.

A todo esto agreguémosle a los independientes que, como vimos en Nuevo León y otros lares, han llegado a ser parte viable de la ecuación mexicana; que el carecer de membrete no garantice la falta de cercanía con alguno, o siquiera una buena gestión, parece escapársele a los electores, pero ése es otro asunto.

Hablando de negaciones, el descalabro que envió al PAN a un lejano segundo lugar fue tan grande como ha sido la obstinación de Gustavo Madero; ojalá se entere antes de 2018 de que ya pasó la Revolución Francesa.

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