Artículo mortis

Nuestro problema en Cuernavaca

Fresco el asesinato de la alcaldesa de Temixco, el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, respaldado por la PGR y por el Ejército, tomó posesión de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de más de una docena de municipios; entre éstos, Cuernavaca.

El convenio de mando único policial acababa de ser cancelado allí por el recién entrado y accidental alcalde, Cuauhtémoc Blanco, quien fuera contratado por el Partido Social Demócrata para aumentar su votación. La sorpresa, para ellos incluidos, fue que ganó.

Blanco ha señalado al mando único como causal de la crisis de seguridad. Ramírez lo ve como la única manera de enfrentar al crimen organizado. La realidad es que el esquema está lejos de ser un éxito, pero tampoco es el fracaso que garantizan las minusválidas policías locales, incapaces de enfrentarse o siquiera de resistirse al poder del narco.

La acción depuso en los hechos al secretario designado por Blanco —o por los líderes del partido que lo contrató, los hermanos Roberto y Julio Yáñez—, Carlos de la Rosa, ex diputado local por el PRD, al cual se afilió para contender por la curul y luego renunció para sumarse a la campaña por la alcaldía de la priista Marisela Vásquez, brincando de allí al equipo ganador. De la Rosa no es precisamente cercano a Blanco —quien, de hecho, no tiene en Cuernavaca mucho más que a sus fans de cuando era futbolista—, sino a los Yáñez, y también a Federico Figueroa, personaje ligado a Guerreros Unidos, aunque más conocido por ser hermano de Joan Sebastian.

Blanco dijo en público que la toma de la policía había sido como un golpe de Estado, responsabilizando a Ramírez de lo que pudiera pasarle. En privado, al gobernador le dijo que a quien se le opusiera a él o a sus políticas le iba a "romper la madre".

Por estas fechas del año pasado, la Segob afirmaba que 75 por ciento de los municipios mexicanos eran vulnerables a la infiltración del narco. Y sí, sería inexplicable la obscena impunidad de sus operadores y la facilidad con que cometen sus más atroces y visibles carnicerías mediáticas, sin la abierta complicidad y el apoyo de las autoridades locales.

La mayoría de los ciudadanos se consuela pensando que eso sucede solo en las remotas rancherías veracruzanas o tamaulipecas, o en ciudades pequeñas, como Iguala o Cocula. Pocos recuerdan las patrullas resguardando la salida de los incendiarios en Monterrey cuando el casino Royale, las granaderas halconeando los narcobloqueos en Guadalajara o los policías que nada vieron en el corazón del DF cuando el Heaven. Cuernavaca no es el agua en los aparejos, es haberse ahogado y no darse cuenta.

Twitter: @robertayque