Artículo mortis

No al silencio

Lo primero que hace un político mexicano cuando se publican reportes de que los cárteles han sentado reales en su territorio es afirmar que allí no hay narcos. Para entonces es demasiado tarde: cuando Mancera y sus subalternos comenzaron a cantar esa tonada, su policía estaba —y sigue estando— completamente comprometida. Solo así una docena de chicos pudieron ser levantados de un bar a unas cuadras de la Zona Rosa y llevados en caravana hasta su muerte sin que nadie viera nada. Solo así narcobandas se apropian, fusca en mano, de edificios señoriales en la Condesa y la Roma sin que nadie les estorbe.

El último zipizape desde Zihuatanejo ilustra el fenómeno a cabalidad. Según el vocero del Grupo de Coordinación Guerrero, el alcalde perredista Gustavo García pidió auxilio al gobierno del estado cuando un comando atribuido a los Beltrán Leyva llegó a apoderarse del cuartel de la policía municipal. Un operativo conjunto culminó en la detención de cerca de 60 sujetos, tres de ellos supuestos delincuentes, 15 policías reprobados en los controles de confianza y 40 más que ni agentes eran, pero que igual regenteaban la estación disponiendo a sus anchas de armas y de uniformes oficiales.

Entonces García —sí, el mismo— salió a decir que siempre no, que en realidad sí eran policías, que el detallito era que no habían pasado el control de confianza, que nomás tomaron la armería porque querían vengar a unos compañeros asesinados y que él no había podido impedírselos, que el ayuntamiento de inmediato montaría la defensa de “sus” policías.

¿A quién creerle? El crimen organizado ha penetrado nuestras estructuras de poder, ya de por sí corruptas e ineptas, hasta rendirlas enteramente insolventes: el trabajo policial sirve más como instrumento de presión entre cárteles que uno en pro de la justicia. Por eso es imperativo proteger las pocas voces que intentan develar las tinieblas de nuestro narcoestado, sobre todo porque sabemos que desde el gobierno nadie va a hacerlo. Javier Valdez era una de esas voces. Ahora es una menos. Los ciudadanos les debemos más de lo que imaginamos. Falta que hagamos algo sustantivo por ellas.

Twitter: @robertayque