Artículo mortis

La oposición que merecemos

Las quejas ciudadanas contra el Presidente priista son parecidas a las que recibía el anterior, panista. Igual son las mentadas contra los gobernadores y alcaldes perredistas, a pesar de la distorsión cacofónica de algunos de sus simpatizantes, más yihadistas que otra cosa; por alguna razón son más abundantes en lo que en México llamamos izquierda y, particularmente, en el rancio nacionalismo ex priista de López Obrador. Un ejemplo: pocos dudamos de que la portada de Time fue un publirreportaje gestionado por el equipo de Peña Nieto, pero dificultó que los premios al mejor alcalde del mundo otorgados a Ebrard gocen del mismo sano escepticismo entre los informados y no manipulados.

Quizá por eso en México la protesta, si bien en nombre de agravios reales, suele ser también un espejismo donde la propuesta constructiva sobra y hasta estorba. A quienes desfiguran monumentos o cierran aeropuertos —el que lo hagan nuestros maestros es la cereza en el pastel del absurdo— les importa un pistache el país, atrincherándose en una retórica sesentera no por fervor revolucionario, sino porque, cortesía de Díaz Ordaz, ésta disculpa cualquier comportamiento, como los publirreportajes que pasan por periodismo cuando se les apellida “comprometidos”. Lo lamentable es que buena parte de la ciudadanía siga comprando esas momias.

Así, nuestra oposición surge como parte del sistema mexicano de corrupciones y componendas, no en su desafío: disfrazada de indignación, es apenas la respuesta, consciente o no, de una u otra trinchera siendo vulnerada por una u otra administración. Por eso el debate se da en torno a espantajos: se señala al panista por derechoso, al priista por corrupto y al perredista por populista, pero, ¿qué diferencia sustancial hay entre los gobiernos de Abarca y Larrazábal? ¿Entre los de Duarte y Aguirre?

Lo de la sangre del burgués es parte de esa misma utilería: mientras a la lucha clientelar le llamemos en México lucha social seguiremos desgarrándonos las vestiduras por los monstruos favoritos del script nacional, al tiempo que los vivos de siempre conducen sin polvo y paja su bussiness as usual.

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