Artículo mortis

La agenda güey

Las razones salen sobrando: yo no le tengo aprecio a la institución matrimonial, pero me parece injustísimo que solo los heterosexuales la padezcamos. ¿Que EPN es un conservador afín al Opus Dei y, por ende, desaprueba el matrimonio gay? Quizá. Pero nunca ha sido requisito estar, en lo personal, de acuerdo con algo para, como político con incidencia en la vida pública, abordarlo según los intereses de un Estado moderno y laico.

Sus detractores dicen que el Presidente pidió enmendar el artículo 4 de la Constitución y el código federal solo para aumentar su popularidad. De ser así, ha de haber pensado exclusivamente en la capital; los chilangos olvidan con facilidad que, para bien y para mal, fuera de México todo es Cuautitlán. Porque la decisión fue rápida y furiosamente criticada por los voceros del conservadurismo, por las damas y los damos de la amplia sociedad provinciana, por los políticos criptoconfesionales y, por supuesto, por el Cavernal Rivera, quien afirmó que "cualquier otra unión no tiene similitud ni remotamente con el matrimonio". Sí, pero el matrimonio como lo entiende su Iglesia impermeable a la Revolución Francesa, y no ese simple contrato que establece una serie de obligaciones y derechos entre dos personas donde la orientación sexual no debía tener la menor importancia.

Por ahora, el matrimonio gay solo se contempla en los códigos civiles de Coahuila, Quintana Roo y CdMx. En enero de este año, la Suprema Corte decretó la inconstitucionalidad de su prohibición en Jalisco, pero aún requiere tramitar un amparo allí y en los demás estados para llevarse a cabo. De la posibilidad real de que una pareja homosexual adopte, ni hablemos; o no hasta la nueva iniciativa, que propone esto: "Los criterios que deben prevalecer para que una persona o personas puedan adoptarlos es que ofrezcan las condiciones necesarias para su cuidado y desarrollo y representen su mejor opción de vida, con total independencia de la orientación sexual".

Minimizar lo excepcional del hecho para afirmarse oposición es de un maniqueismo palurdo y mezquino, como aplaudirlo no equivale a cegarse o a capitular. Solo el PRD lo celebró; los panistas requirieron sales de amoniaco; los priistas pusieron los ojos en blanco y la arquidiócesis lo descontó así: "Tantos problemas que tienen de rodillas al país sin que la clase política se atreva a legislar las reformas que exige la sociedad civil". Curioso que lo mismo diga San Rayo de Esperanza, quien, a pesar de remachar su progresismo amoroso e izquierdista, repudia las uniones homosexuales. A diferencia del mafioso y salinista hoy en el poder, él las vetó cuando fue jefe de Gobierno.

Twitter: @robertayque