Artículo mortis

Al diablo las instituciones

Faltan tres meses para que haya elecciones, entre otros estados en Guerrero, donde 60 por ciento de las casillas se instalará en escuelas bajo control de la Ceteg. El sindicato, a pesar de haber negociado ya el pago completo de las quincenas y 90 días de aguinaldo para sus cerca de mil 500 aviadores, ha amenazado una y otra vez con que no permitirá el voto a menos que el gobierno presente con vida a los 43: inserte aquí las risas grabadas.

Las elecciones, afirman, son inútiles porque todos los políticos están vinculados al crimen organizado. Obviemos que, aunque la queja tiene mucho de cierta —¡ay!—, el impedir el proceso en modo alguno subsana el problema. Ignoremos que lo más verosímil es que el asunto de fondo sea seguir presionando para evitar los cambios contemplados en la reforma educativa. Lo terrible aquí es que un grupo minoritario —luchadores sociales ejemplares para algunos, porros chantajistas reclamando prebendas otorgadas por la vieja dictadura para otros— pretenda, y parece que con probabilidades de éxito, negarle a los habitantes de Guerrero la piedra angular de cualquier democracia: el derecho de elegir a sus gobernantes.

No es asunto de exhortar, como hacen otros despistados, a anular el voto a modo de protesta. Protesta que, aunque de nada sirve, los ciudadanos tienen todo su derecho de ejercer y de llamar a ejercer, igual que hacerse enemas de cloro o dispararse en el pie. Pero la Ceteg no exhorta, sino que acosa a los capacitadores del INE, impidiendo sus sesiones, sitiando sus instalaciones, dañando su equipo de cómputo y obligando al personal en ciudades como Chilpancingo a ejercer sus labores disfrazados y en oficinas clandestinas.

El presidente del INE ha dicho que en caso de ser necesario se recurrirá a la fuerza pública para la instalación y operación de las casillas. Felipe de la Cruz, vocero de los 43 y miembro de la Ceteg, le contestó que los estarán esperando. Falta ver si todo queda en fanfarronada. Si no, además de no poder garantizar nuestra seguridad, las autoridades mexicanas se exhibirán como incapaces de garantizar nuestro sufragio. Y si eso no es un estado fallido, no sé qué lo será.

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