Artículo mortis

La derrota inadmisible

No fue capturado Nemesio Oseguera, El Mencho, jefe del cártel de Jalisco Nueva Generación, aunque el candidato a gobernador de Colima Ignacio Peralta haya anunciado que el ataque que estranguló 39 vías mayores en la zona fue en respuesta a dicha acción. Sin necesariamente relación con lo anterior, no sobra recordar que el ex gobernador de Colima Jesús Silverio fue asesinado por el capo en noviembre de 2010. Hoy sabemos que el ataque del 1 de mayo no fue respuesta, sino advertencia: ese día comenzaría la OperaciónJalisco, destinada a cazar las cabezas de Nueva Generación.

Situaciones similares se han vivido ya en territorio Zeta, en Nuevo León y, tan cerca como la semana pasada, en Tamaulipas, pero nunca de este tamaño: carreteras bloqueadas, balaceras en la calle, comercios incendiados y la caída de un helicóptero militar con un saldo de un par de soldados muertos y una docena más de heridos. Así puede ser la vida en los lugares del país donde hay lucha de poder entre cárteles, o donde el gobierno considera políticamente redituable concentrar sus atenciones contra éstos, sin que por esto deje de haber algo peor: el desamparo de las poblaciones que viven subyugadas por el crimen organizado cuando la inacción le resulta conveniente a ambos poderes establecidos.

En este caso, luego de la quema literal y metafórica de las naves, El Mencho ha quedado convertido en la nueva Tuta. Yo espero que Jalisco, Colima, Guanajuato y Nayarit no se conviertan, muy pronto, en el nuevo Michoacán: Apatzingán demostró qué pasa cuando se vende la neutralización del jefe de la banda como solución a la criminalidad, en vez de desarticular de raíz los mecanismos que de entrada enseñorearon allí a la ilegalidad. Pero eso no se arregla con un par de publirreportajes y una rueda de prensa; si algo demostró este último ataque fue que el combate policial al crimen organizado, como se ha llevado hasta ahora en México, es un fracaso en todo menos en las estadísticas oficiales. El problema es que la alternativa, en un país cuyo orgulloso grito de batalla parece ser “El que no tranza, no avanza”, es suicidio político: habrá ciudades incendiadas para rato.

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