Artículo mortis

¡A los cuarteles!

Asumamos que sí, que el Ejército secuestró a los normalistas y los tiene encerrados en alguna mazmorra, muajajá. Olvidemos que no hay razón alguna para llevar a cabo un acto así, ya que los de Ayotzinapa representan muy poco o ningún peligro para la viabilidad de las autoridades constituidas; mucho más corrosivo que el anacrónico activismo de los chicos resulta, digamos, el destape de la casa blanca o la caída de los precios del petróleo, por nombrar algunos ejemplos. Demos por falsas las versiones de los asesinos y tomémoslas como fabricadas por el gobierno: ni El Cepillo ni El Cabo Gil ni ningún otro de los matones del cártel Guerreros Unidos se lanzaron contra los estudiantes por órdenes del narcoalcalde Abarca, que quería impedir que arruinaran el destape de su narcoesposa, o por creer que en alguno de los autobuses robados por los normalistas iban miembros del cártel contrario. Neguemos también los resultados de los peritos argentinos y austriacos y expliquemos el único positivo de esas investigaciones como otro montaje: digamos que los huesos del estudiante Alexander Mora fueron sembrados en una pira de otros restos humanos sin identificar para despistar al respetable. El asunto es que, como mi imaginación tiene límites, les voy a deber algún fundamento mínimamente sólido, pero adelante: abandonemos toda lógica y afirmemos que los chicos están vivos y retenidos en algún cuartel militar por instrucciones de Peña Nieto.

Eso mismo dicen creer los padres de los normalistas, que en consecuencia estrellaron un camión contra la reja del cuartel de Iguala y apedrearon a los soldados de guardia. ¿Los militares van a tener a sus presos clandestinos a la vuelta del portón? No, pero qué le hace: el abogado del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Vidulfo Rosales, y el vocero de los familiares, Felipe de la Cruz, ya pidieron que Peña Nieto les entregue a los estudiantes o, en su defecto, exigen la apertura de todos los cuarteles y amenazan con el recrudecimiento de las protestas.

Aunque les concedieran la petición, sabemos que no encontrarían nada. Lo que comienzo a sospechar es que esa es la idea.

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