Artículo mortis

¿Tú le crees a las reformas?

La Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente de la Secretaría de Educación Pública informa: Con motivo de nuevos elementos a considerar en el proceso de evaluación para el ingreso, promoción y permanencia en Educación Básica y Media Superior, quedan suspendidas indefinidamente las fechas publicadas para su realización”. Hay que reconocer la eficiencia; bastó una oración para echar abajo el corazón de la reforma educativa y, con ella, toda la credibilidad, poca o mucha, que pudiera haber conseguido la presente administración a través del discurso de la modernidad, del cambio.

No, evaluar no es panacea que forje las habilidades intelectuales y morales críticas que la niñez del país urgentemente necesita —se requieren infinitas periferias, como un proyecto de nación que respalde docentes teórica y prácticamente capacitados, comprometidos con planes de estudios desideologizados y de raíz científica, entre otros—, pero sin duda es la piedra angular sin la cual se vuelve imposible no solo imponer estándares mínimos de calidad, sino enterarse de cómo anda cada parte del proceso educativo para reforzar lo que funciona, rectificar lo que no y, a partir de datos duros, “mover a México”.

O así sería, de ser esa la coyuntura: la realidad es que gastarse en reflexiones técnicas es inútil y hasta ingenuo cuando, en el mejor estilo nacional, la verdadera discusión es muy ajena al tema que se usa como chivo expiatorio para dirimirla. Porque tanto al gobierno federal como a los sindicatos magisteriales les importa un bledo la educación y el futuro de los niños mexicanos —las normales incluidas, con todo y Ayotzinapa—: el primero busca afianzarse en el poder y, los segundos, obtener prebendas a través de la extorsión corporativa aprendida y fomentada desde el viejo PRI. Benito Vásquez, vocero de la sección 22 de Oaxaca, lo expone claramente: “Nosotros vamos contra la reforma educativa, no nada más contra la evaluación. Vamos por nuestra estabilidad laboral, por las plazas automáticas de los normalistas (…) El gobierno federal solo está pensando en cómo nosotros desistimos al boicot electoral. A ellos solo les interesan las elecciones”.

Sí, el gobierno federal sacrificó a la niñez mexicana en aras de un mal cálculo —porque cancelar las evaluaciones equivale a indicarle a la CNTE y al SNTE que abandonar las aulas para tomar las calles y las plazas es el camino correcto; que obtienen más de reventadores que de maestros. Pero, ¿será demasiado pedir que logre la misma eficiente brevedad en sus luchas en lodo políticas que la que ostenta en la redacción de sus comunicados?

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