Artículo mortis

El conflicto y el interés

Uno de los problemas de México es que pocos hablan de frente; el lenguaje nacional es oblicuo, hiperbólico y opaco. Las amenazas son veladas, abundantes las indirectas y los hechos meramente simbólicos, como cuando se tacha de luchadores sociales a quienes en realidad son lucrativos grupos de choque, o cuando el Presidente, “reafirmando mi absoluto compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas”, anuncia ocho acciones para acotar los conflictos de interés de los servidores públicos, al tiempo que nombra un subordinado más o menos incondicional y sin demasiados dientes para encabezar la Secretaría de la Función Pública, cuya primera encomienda será investigar si hubo tales conflictos por parte de su secretario de Hacienda, su esposa y él en el affaire Higa. Que el lucidor performance haya terminado con el Presidente recalcando que allí no hubo nada indebido pero que, por el bien de la transparencia, le dejaba el encarguito al Sr. Andrade, fue la cereza en el pastel.

El chiste se cuenta solo, sobre todo cuando sabemos que entre las primeras acciones de la presente administración estuvo intentar disolver la Secretaría de la Función Pública, cuya titularidad quedó vacante desde que Felipe Calderón dejó Los Pinos en 2012, para crear un órgano autónomo; espero que más autónomo que el embrionario sistema nacional anticorrupción, que hoy está en la congeladora legislativa por la negativa del PRI a retirar la propuesta de que éste sea coordinado por un consejo bajo el mando del Presidente.

El combate a la corrupción, aun con los niveles que el fenómeno alcanza en México, es posible. Fácil no será, ni breve, ni siquiera necesariamente exitoso; hay demasiados y muy poderosos intereses en contra —la mayoría disfrazados de nacionalismos o patrioterismos que ocultan o incluso justifican la rapiña—, pero posible lo es. Lo que ya no es posible es llevar la simulación de este combate a niveles tan reverendamente absurdos; a menos que Virgilio Andrade le haga severos y puntuales cuestionamientos a su patrón, ¿alguien en Los Pinos de verdad cree que le vamos a creer sus conclusiones, cualquiera que éstas sean?

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