Artículo mortis

Ay, wey

Bienvenidos al nuevo orden. O quizá no tan nuevo; poco menos de una cuarta parte de Estados Unidos eligió a Trump —porque la mitad del país no votó, y Hillary Clinton, aunque por estrecho margen, ganó el voto popular de la otra mitad—, a sabiendas de todos los horrores que el agente naranja representa. El resultado electoral forzó al país mirarse al espejo, y lo que vio no le gustó casi a nadie.

Las regiones gringas ilustradas, medianamente prósperas y liberales, pero también complacientes y altivas, se horrorizaron al descubrir que la Unión, en buena parte, nuca dejó de ser racista, premoderna y sexista. Esa parte hasta hoy ignorada que, encima, ha visto caer irremediablemente su economía, ha resentido el acotamiento progresivo de sus usos y costumbres: magullarle la nalga a la secretaria y decirle “sugar” dejó de ser prestación laboral, los negros se convirtieron en afroamericanos y los gordos en “grandes”, el modelo patriarcal se vino a menos y el protestantismo dejó de ser patrón normativo.

Quien quiera pensar que estas añoranzas son exclusivas de los viejos mineros de las carboníferas de Appalachia se engaña: casi 95 por ciento de las mujeres negras votaron por Clinton, y cerca del 70 de las latinas. Pero más de la mitad de las mujeres blancas —para ser exactos, 53 por ciento— eligió a Trump, con todo y su preferencia por agarrar panochas primero y, en vez de pedir perdón después, mejor echarle los abogados a sus acusadoras. Duele decir que en uno de los países donde el feminismo es agenda cotidiana aún hay hartos hombres, y mujeres, que extrañan a la objetificación femenina como moneda de cambio.

Quienes nos sorprendimos quizá pecamos de ingenuos, sobre todo siendo mexicanos. Después de todo, rechazar las arideces de una responsabilidad cívica plena y adulta es parte de nuestra historia: de allí la ausencia de sociedad civil, la imposibilidad de abandonar la retórica echeverriista que atora la vida pública en los años 70 y la debilidad por las autocracias. Me pregunto qué añorarán para 2018 los mexicanos poseedores de una superioridad moral monolítica,  progresista y de vanguardia, y tiemblo.

Twitter: @robertayque