Artículo mortis

Otro caso aislado

Tlatlaya y Tanhuato hacen ruido por la cantidad de cadáveres que se cargan, pero el discurso de “fuimos emboscados, nos defendimos y matamos a todos sin mayores bajas” se repite, con menos muertos, por todo lo ancho del territorio nacional, sobre todo en zonas remotas. Lo escuchamos desde la vocería de la PGR y desde la del Ejército y, cuando surgen pruebas irrefutables de juego sucio —armas sembradas, disparos a quemarropa, cuerpos cambiados de lugar—, la explicación también es la misma: son casos aislados.

El Rancho el Sol queda al lado de la carretera México-Guadalajara, a 40 kilómetros de Zamora. El predio mide cerca de 120 hectáreas, y los pueblos más cercanos quedan a 10 o 15 kilómetros de distancia. Los vecinos le dijeron al diario El País que pensaban que el sitio estaba abandonado, que nunca se veía a nadie allí, y que no oyeron el enfrentamiento donde se necesitaron seis camionetas para sacar los 42 cuerpos de los miembros del cártel de Jalisco y el de un federal caído, y donde 8 coches fueron calcinados y una tanqueta quedó inservible. Ignacio Cuevas, alcalde de Tanhuato, dice que no ha visto por la zona grupos sospechosos, ni tiene conocimiento de denuncia alguna desde El Sol, quizá porque funge como suplente del alcalde anterior, acribillado en la primavera de 2014, igual que su secretario del ayuntamiento, ejecutado meses antes.

Lo demás es lo de siempre: la PGR dice que entró a investigar una llamada anónima hecha el pasado jueves, acusando el despojo de la propiedad a manos de los cárteles, aunque a la fecha no se sabe quién es el legítimo y agraviado dueño. Una vez allí los policías fueron emboscados, respondieron al fuego y pidieron refuerzos, o así dijo el comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, quien también apuntó que fueron decomisadas 39 armas, tres menos que los criminales abatidos. Mientras, el jefe de la oficina de Derechos Humanos de Jalisco, Felipe de Jesús Álvarez, dijo que aquello no era de su competencia, que no se pronunciaría; habrá que esperar el fallo de los visitadores enviados a Tanhuato por la CNDH.

Tlatlaya terminó con tres militares arrestados, pero no antes de que el entonces presidente de la CNDH, Raúl Plascencia, afirmara no haber encontrado abusos; de que el entonces procurador, Jesús Murillo Karam, comenzara la investigación meses después y solo tras la cobertura de la prensa internacional; y de que el secretario de la Defensa tildara las acusaciones de campaña de desprestigio contra las fuerzas armadas. O sea, lo que pasa en todos los casos aislados donde las autoridades mexicanas buscan imponer la ley a través de la barbarie.

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