Artículo mortis

El califato/ I

El Estado Islámico de Siria y el Levante (EISL) es diferente a cualquier animal que la modernidad haya visto salir de la cloaca de la religión. Y no me refiero a los alcances de sus rasgos más evidentes, como la crueldad, el autoritarismo y la perversidad, sino a que, en un acto cuyo peso parece haberle pasado desapercibido al resto del mundo, éste ha declarado ser el nuevo califato.

No es una distinción menor: no son califatos Al Qaeda, Boko Haram ni otras organizaciones terroristas afines —aunque los nigerianos, que operan dentro de geografías precisas, ya le juraron sumisión a Isis, y no pocas zonas vecinas están pensando unirse—, como tampoco lo son otros países con gobiernos islámicos como Arabia Saudí o Yemen, cuyos emires o sultanes, aunque líderes legítimos, son considerados meros gobernadores de provincia en espera de ponerse a los pies de un califa que los unifique bajo el imperio de la fe. Así, con el nacimiento de EISL, los musulmanes fundamentalistas recuperan lo que perdieron desde que Attaturk volviera ilegal el califato del Imperio Otomano, a esas alturas poco más que ornamental, en 1924: sustento jurídico en la forma de un territorio propio y un Estado de vocación expansionista en cuanto a tierras, cuerpos y almas. Más o menos lo que obtuvo el pueblo judío tras la creación del Estado de Israel en 1948, con la diferencia de que Israel, además de tener una clara vocación laica, fue gestado por un consenso de países, por decirles de alguna manera, civilizados, mientras que Isis no ha sido reconocido por ninguna autoridad o gobierno constituido.

Pero eso le tiene sin cuidado a quienes el llamado a la yihad, en este caso el llamado a construir la hegemonía del Islam desde el poder político, militar y jurídico, ha dejado de ser un requerimiento abstracto para convertirse en un deber encaminado a construir una nueva Tierra Santa donde los justos podrán vivir con sus hijos y nietos en esta vida, bajo la ley del Corán y la bandera de EISL. Llamado que, a la fecha, ha sido contestado con harto entusiasmo desde París hasta Grozni, aunque el resto del mundo civilizado parezca desestimarlo en su envergadura.

Twitter: @robertayque